Eso de estar soltero en tiempos de pandemia es complicado. Como que lo de guardar la sana distancia social no es muy compatible con los estrechos y pasionales menesteres del amor. ¿O es que alguien me va a decir que un beso, un abrazo o una caricia virtual son iguales que las de verdad, aunque sean con mascarilla, guantes y sepan a alcohol en gel?

Bien lo decía Sergio Dalma: bailar de lejos no es bailar. Pues lo mismo aplica para las diversas manifestaciones afectivas. Por más preventivas y bien intencionadas que sean, no se pueden comparar con el poder embriagante de los encuentros cercanos del segundo y tercer tipo en la escala amorosa.

Pero como estos están restringidos hasta nuevo aviso, no queda más que recurrir a dos alternativas extremas. Una es abstenerse de todo intento de flirteo hasta que el bicho desaparezca (me refiero al virus), lo cual puede mantener a más de uno en castidad perpetua por los siglos de los siglos, o valerse de los recursos tecnológicos para ver si agarra por lo menos una relación a distancia, pantalla de por medio.

Esto último tiene sus bemoles. No es así como me gustas, te gusto y empecemos a jalar. Conlleva toda una labor de inteligencia previa –popularmente conocida como “stalkear”- para evitar ser víctima de los truquillos mefistofélicos de los que hace gala la tecnología para salirse con la suya, alterando la realidad de las cosas y de las caras.

De lo contrario, difícilmente se enterará si la persona al otro lado dice quien dice ser y si quien dice ser es la persona del otro lado. Y ante la duda, mejor la mesura, por más que las alteradas hormonas quieran hacernos ir por la vía rápida contraria. No digo que hay casos en los que se produce una química casi instantánea que hoy tiene a más de una pareja felizmente casada, pero nunca cae mal, en las primeras de calentamiento, un poco de malicia indígena para no pecar de inocente. Mejor hacer las de Santo Tomás: ver para creer.

Dado que en el contexto actual es difícil hasta reunirse con el vecino, menos con un desconocido, no queda más que confiar en las fotos, filtros incluidos, que el hombre o mujer de nuestro interés muestra en las redes sociales. Ya sé que me estoy yendo solo al plano físico y eso no es correcto porque la belleza se lleva por dentro y bla, bla, bla… pero, sea como sea, llegar a conocer alguien a fondo, sin siquiera haber compartido un vaso de agua es, sin duda, un riesgo que no todo mundo está dispuesto a correr.

Tampoco es que ligar por redes sociales es garantía infalible de éxito. Así como puede ser que te den pelota, también puede ser que te dejen en visto o que te respondan con un lacónico “hola y gracias”, que en buen castellano (casi siempre por parte de las mujeres) equivale a decir: le respondo por cortesía, pero no me interesa seguir hablando con usted.

Este tipo de encuentros fallidos se remontan a tiempos inmemoriales, pero me atrevería a decir que, en el contexto de la pandemia, a raíz de que pasamos más tiempo en casa, se han disparado, lo que también no deja de ser una desventaja para los solteros que utilizaban las redes sociales con nobles y decentes propósitos de socialización.

Si antes era difícil y siempre se corría el riesgo de ser castigado con el látigo del desprecio, ahora con más razón, ya que, como decía un meme que circuló en cuarentena, los coqueteos bajo estas circunstancias son más una forma de evadir la monotonía del encierro que un genuino interés en conocer a otras personas. ¿Será?

Para aquellos amantes a la antigua que suelen todavía mandar flores, como en la canción de Roberto Carlos, el panorama no pinta menos desolador. Digamos que en esta categoría entran los que acostumbraban ir a bares, discotecas o al “chino” de la esquina a buscar su próxima conquista.

La mala noticia para todos ellos y ellas es que lograr tan ambicioso cometido antes de las 10 p.m. (que inicia la restricción) es una obra que raya en la epopeya. Si en la época precovid, uno con costos iba avanzando por ahí de la 1 o 2 a.m., después de tres horas de intercambiar miradas y enviar tragos, ahora no ha terminado de acomodarse en la silla y sondear el territorio, cuando ya lo están echando del lugar, con el respectivo vasito plástico en mano.

No, señores, así bajo presión yo no juego. Para estos delicados asuntos se requiere de valor al calor de la primera cerveza e ir preparando la estrategia de acercamiento. Al igual que la distancia social, la rapidez no es buena consejera en las lides amorosas. Ni tampoco la mascarilla. Porque yo no sé ustedes, pero eso de coquetear con media cara tapada como que no es muy efectivo, a no ser que uno tenga los ojos de Brad Pitt o sea tan feo, que es mejor taparse un poquito. Si a falta de buena pinta, tiene hablada, el cubrebocas le puede boicotear todo intento de darse a entender porque si no se le baja, no se le oye, y si se le oye, lo ahoga… Hasta Hitch se daría por vencido.

No, si es que esto de ligar en tiempos de pandemia es toda una hazaña. Ah tiempos aquellos de los amores libres de patógenos. En esos encuentros (casuales o no), si acaso había que cuidarse de no contraer una ETS, ahora hay que añadir a la lista de posibles infecciones la del SARS-CoV-2, salvo que ambos estén debidamente vacunados o les importe un cacahuate el virus, la restricción, el ministro o que les reviente el planeta en confeti esa noche.

La lista de excusas para “fumigar” también se amplía por motivos epidemiológicos. Ya no basta con el típico “no puedo, tengo novio”, como la justificante de la chica del bikini a lunares, sino que también puede que te salgan con que se está cuidando –¿del covid o de la lagarteada? – y no quiere nada con nadie. Idiay sí, está en su derecho.

Ahí no hay réplica que valga. Por más que se insista en estar sano, no tienen por qué creerle y tampoco a uno le consta, a no ser que se porte el resultado del último PCR en la bolsa y lo renueve cada 24 horas. Y, así, no hay nariz ni billetera que aguante.

Aparte, no creo que exista ser humano tan hermoso y encantador que amerite semejante acto de masoquismo. Además, pensándolo bien, andar conquistando papelito en mano, debe ser lo más raro e hipocondriaco del mundo. Se imaginan: “¡Muchacha, puedo sentarme a hablar con usted, vea estoy libre de covid y aquí está el examen que lo confirma!” No, tampoco es para tanto. ¡Ni que fuera Jennifer López!

Sin ser experto en seducción, creo que debe haber formas más apropiadas y sanitizadas de ligar en época de pandemia. ¿Cuáles conoce usted? Acepto consejos de cara al 14 de febrero.

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