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	<title>navidad | Analista Hoy</title>
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	<description>Una mirada a la actualidad desde una óptica personal</description>
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	<title>navidad | Analista Hoy</title>
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		<title>La vida está para más que manejar en presas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Dec 2024 22:48:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[accidentes]]></category>
		<category><![CDATA[congestión vial]]></category>
		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Definitivamente, algo hay qué hacer en este país con el caos vial que nos manejamos. Ya el asunto está tomando tintes de tragicomedia griega: las tradicionales horas pico pasaron a ser días picos, extendidos de lunes a domingo, en un periodo de 24 horas.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/12/la-vida-esta-para-mas-que-manejar-en-presas/">La vida está para más que manejar en presas</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="has-text-align-right"><em>Tomada de Telediario.cr</em></p>



<p>Todos los diciembres y, cada vez con mayor fuerza, surge un factor cotidiano que atenta contra el espíritu de paz y amor que debe imperar en esta época festiva. Y no me refiero a las bravuconadas de Rodrigo Chaves, a los pleitos de condominio en la Asamblea Legislativa o a los subcampeonatos de la Liga Deportiva Alajuelense.</p>



<p>Hay un elemento, tan preocupante como todos los anteriores juntos, que al igual que la tamaleada o el festival de la luz, nos acompaña, cual infaltable tradición decembrina, en estos días de vientos alisios y tardes soleadas (¡por fin llegaron!).</p>



<p>Hablo de las típicas presas que, año tras año, se acrecientan más, amenazando con robar lo poco que nos queda de paciencia, cortesía y prudencia. Si bien estos valores constituyen una tríada imprescindible que debería prevalecer en diciembre (y todo el año), es precisamente para estas fechas en las que más nos hace falta.</p>



<p>Basta con salir al “chino” de la esquina para comprobarlo. Filas eternas, ceños fruncidos, golpes al volante y madreadas al aire. Todo un cóctel explosivo que, aunado al alcohol e irrespeto a la ley de tránsito, explica por qué solo entre enero y septiembre de este año se contabilizaron más de 23.600 atenciones médicas por accidentes de tránsito, según cifras oficiales de la CCSS.</p>



<p>A como pinta la cosa, no quiero imaginarme cómo va a estar el último trimestre, que incluye el congestionado y sufrido doceavo mes. Si por la víspera se saca el día, no se extrañen si se impone un nuevo y avergonzante récord. Para muestra, un par de “botones” de lo que he podido ver y experimentar días atrás, cuando, para mi infortunio, tuve que adentrarme en ese campo de batalla en el que se han convertido las calles de San José (¿o de Costa Rica?).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/presas-monumental.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/presas-monumental-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-2477" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/presas-monumental-1024x768.jpg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/presas-monumental-980x735.jpg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/presas-monumental-480x360.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Tomada de monumental.co.cr</em></p>
</blockquote>



<p>En mi ruta hacia al este por la recién inaugurada -sin terminar- Circunvalación Norte, todo iba muy bien hasta que llegó la hora de tomar el carril auxiliar de salida hacia Calle Blancos o Tibás. Aquello era como las afueras del EBAIS de Cristo Rey a las 5 de la mañana. Una fila interminable de carros que casi llegaba a la entrada de la León XIII.</p>



<p>En un mundo ideal, lo que procedía era colocarme detrás del último auto de la fila. Pero, aparte de que nunca me di cuenta de que la cola era para salir de Circunvalación (insisto, era infinita), si hubiera esperado mi turno para tomar el carril, es capaz que todavía estaría ahí clavado, y yo no estaba dispuesto a pasar Navidad metido en una presa.</p>



<p>Así que tocó aplicar la “vieja confiable” de saltarme la fila y buscar cómo colarme un poquito más adelante. Ni para qué lo hice. Casi se me quema la direccional esperando que algún alma piadosa me diera espacio. O sea, yo entiendo, colarse en cualquier tipo de fila está mal (salvo que sea la del baño y ya no aguante), pero ser descortés no es tampoco la mayor de las virtudes.</p>



<p>Pasaron tres, cinco, diez autos… Y ni uno solo se dignó en darme campo y, más bien, a riesgo de darle un “besito” al del frente, le metían la chancleta para despejar cualquier atisbo de cortesía o educación. Yo, como conductor estoico, que, desde hace mucho renuncié a pitarle o gritarles a desconocidos en carretera (no vaya a ser que anden armados), opté por orillarme, reclinar el asiento y tomar una breve siesta a la espera de que alguien me dejara pasar.</p>



<p>¡Ay no! No le creo. Este “man” está exagerando, dirán ustedes. ¡Se los juro! Si hubiera cámaras del MOPT en el sector, los exhortaría a pedir el video para que lo suban a redes y, de paso, me concedan mi minuto de fama y viralidad como regalo navideño. Pero, como no hay, tendrán que confiar en mi palabra de “boy scout”. Más de uno al verme en ese plan resignado, en lugar de una sonora ofensa, me dedicó una amable y lastimera sonrisa, algo que, en semejante jungla asfáltica, ya era un logro digno de encomio.</p>



<p>Cuando me preparaba a pasar ahí la noche, un trailero (del que menos esperaba un gesto amable) se compadeció y finalmente me cedió el lugar, a lo que agradecí sin antes llevarme mi buena regañada: “A la próxima hace la fila”. No le respondí y seguí mi camino; algo tenía de razón.</p>



<p>La siguiente me ocurrió más recientemente, cuando, a falta de carro (se lo presté a mis papás para ir a Guanacaste) tuve que pedir un Uber para dirigirme desde mi casa, en La Uruca, a Radio Monumental, un trayecto de poco más de dos kilómetros que, en condiciones despejadas, recorro en cinco minutos en vehículo.</p>



<p>Ese día, como que todos los Santos Viales y Vírgenes del Asfalto conspiraron en mi contra… ¡y no hubo manera! Por más que inicié unos 20 minutos antes la búsqueda, simplemente no había autos disponibles y los que había me cobraban más de 8000 colones (lo que cuesta un viaje ida y vuelta al aeropuerto) o me cancelaban al último momento, después de una larga espera.</p>



<p>“Perdón amigo, es que hay alta demanda y mucha presa”, me dijo a modo de saludo el conductor, cuando finalmente pude encontrar uno (“Si no me decís, no me doy cuenta”, pensé). Para no cansarlos con la historia, tardé el triple de tiempo que me tardo normalmente y, por supuesto, llegué tarde a la radio. Y eso que me bajé antes del carro y, al mejor estilo de los “quiebraventanas” de Hatillo, pegué carrera en media rotonda Juan Pablo II. A la próxima, mejor me voy a pie y llego más rápido. ¡Literal!</p>



<p>Así como yo, quién sabe cuántas personas más, por el mismo motivo, no han podido llegar a tiempo a citas médicas, a la graduación del hijo, a una entrevista de trabajo, entre otros compromisos que no necesariamente corresponden a fiestas o reuniones sociales propias de la época.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/observador-presas-1.jpeg"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/observador-presas-1.jpeg" alt="" class="wp-image-2485" style="width:751px;height:auto" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/observador-presas-1.jpeg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/observador-presas-1-980x735.jpeg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/observador-presas-1-480x360.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>
</div>


<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Tomada del Observador.cr</em></p>
</blockquote>



<p>Definitivamente, algo hay qué hacer en este país con el caos vial que nos manejamos. Ya el asunto está tomando tintes de tragicomedia griega: las tradicionales horas pico pasaron a ser días picos, extendidos de lunes a domingo, en periodos de 24 horas.</p>



<p>Lo comprobé, cuando de camino a Desamparados, un sábado de estos, como a las 8 de la noche, me encontré, en un barrio residencial, una congestión vial como la de la entrada a Heredia un viernes de quincena y de juego de la <em>Sele</em>. En ese momento me dije: ¡hasta aquí! Me guardo en la casa, como ermitaño, y no vuelvo a salir hasta que termine el mes o Santa Claus me regale su trineo, con todo y renos.</p>



<p>Dicen las estadísticas que, en el país, el&nbsp;24%&nbsp;de las personas tarda&nbsp;más de dos horas en llegar a su lugar de trabajo, lo cual eleva los niveles de estrés, ansiedad e irritabilidad, afectando incluso sus responsabilidades diarias (trabajo, estudio, entretenimiento, etc.) y hasta sus proyectos de vida.</p>



<p>¡A lo que hemos llegado! O sea, cuando el de arriba nos llame a cuentas y nos increpe sobre la noble misión a la que dedicamos nuestra existencia terrenal, que no se extrañe si más de uno le responde: ¡a manejar en presas!</p>



<p>Creo que la vida está para más que eso. ¡Que Dios nos agarre confesados… y despejados!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/12/la-vida-esta-para-mas-que-manejar-en-presas/">La vida está para más que manejar en presas</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</title>
		<link>https://analistahoy.com/2024/11/volvamos-a-lo-esencial-feliz-y-desacelerada-navidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Nov 2024 21:44:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[feliz navidad]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[navidad 2024]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¡Imposible quedarle bien a todos! Mejor administremos bien nuestras fuerzas y energías, eligiendo sabiamente con quién, dónde y cómo queremos pasar el tiempo.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/11/volvamos-a-lo-esencial-feliz-y-desacelerada-navidad/">Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Entrados en el mes de noviembre, ahora sí ya tienen mi permiso. Después de mi último descargo sobre las celebraciones anticipadas de Navidad, creo que ahora sí es momento oportuno, razonable y prudente para iniciar oficialmente la temporada 2024.</p>



<p>De la forma que usted quiera hacerlo: decorando su casa, comiendo tamales o derrochando por adelantado el aguinaldo. Allá cada quien con sus gustos y gastos. Yo, por mi parte, no lo hago con ninguno de los anteriores (al menos no de momento) y opto por dar por inaugurada la época con la más solitaria y sui géneris de las actividades: escribiendo estas modestas líneas con olor a ciprés, mientras escucho villancicos de fondo y… ¡nada más! Porque ni el sol ni los vientos alisios dan aún señales de vida.</p>



<p>Pero si no las escribo ahorita, es probable que ya no lo haga, en virtud de la seguidilla de compromisos que está a punto de engullirnos inexorablemente. Así que, antes de tener que escribir sobre la cuesta de enero y la campaña electoral del 2026, prefiero adelantarme y honrar mi respectiva reflexión de temporada con suficiente antelación, antes que los tamales, el rompope y “La Navidad sin Ti” afecten las neuronas y lucidez mental que demandan el noble acto de la escritura. Así que mejor agarro al reno por los cuernos y ponemos manos a la obra… y al teclado.</p>



<p>Lo que voy a decir es una verdad de Perogrullo, pero no por eso me deja de sorprender. Navidad es la época que más esperamos a lo largo del año y la que más rápido se nos va. Algo así como las hojas de plátano en el Mercado o las cervezas en la fiesta del trabajo. Un día estamos viendo El Chinamo, entre risas y chinaokes, y en un pestañeo, con rostro adusto, sufriendo la Pasión de Cristo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-scaled.jpg"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-2471" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-980x735.jpg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-480x360.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>Quizás, por eso, mi hermana, previsora que es, no había terminado de quitarse su disfraz de Halloween, cuando al día siguiente, 1 de noviembre, ya estaba desempolvando los tiliches navideños y, a hoy, lo único que le falta son los regalos debajo del árbol para tener el apartamento como portada de la revista <em>Hola</em>. Yo mientras tanto, casual, en pijama y aún con las calabazas en la sala, escribiendo mis pendejadas, como dirían los mexicanos.</p>



<p> Sin duda es un claro ejemplo de lo que todos deberíamos acometer en estas fechas (en noviembre, por supuesto, no en agosto ni en septiembre), porque, para nadie es un secreto que, entre más nos adentramos en la recta final del año, más cuesta sacar el tiempo y paciencia para sentarse como pastor en el portal a desenredar las lucecitas, “chainear” las figuritas, armar el arbolito y colgar las bolitas multicolores.</p>



<p>Si no lo hace con tiempo (para los más extremistas, mínimo los primeros días de diciembre) no se extrañe si se ve el 23 de diciembre a las 3 de la mañana buscando el cascanueces que le regaló la suegra o pegándole un brazo a San José con goma loca.</p>



<p>Digamos que nada de lo anterior sucede y logra sobrevivir con decoro y sin despeinarse a la homérica decorada. En ese caso, bien por usted y le felicito. Pero, ¡suave un toque! Tampoco me arroje las campanas de Belén al vuelo. Aparte de que no queremos más adornos rotos, apenas ha cumplido con una pírrica parte del pletórico non-stop de otros compromisos que supone tan linda y desgastante temporada.</p>



<p>Vienen la tamaleada (si es que los hace y no los compra en el Auto Mercado), la compra de regalos, los preparativos de la cena de Navidad, el amigo Secreto y demás eventos decembrinos. De repente, cuando nos damos cuenta, tenemos a nuestro Google Calendar haciéndole competencia al arbolito, lleno de colores por doquier, procurando el milagro de acoplar una infinidad de actividades en limitados e inelásticos espacios temporales de 24 horas (pucha, ¿por qué la Tierra no tarda más en dar una vuelta sobre su propio eje?).</p>



<p>El otro día que, entre los compas de la mejenga, tratábamos de ponernos de acuerdo cuándo hacer la fiesta, lo único que logramos acordar fue que no había acuerdo y que, por lo tanto, se iba a tomar la salomónica decisión de asignar unilateralmente una fecha, hora y lugar… y el que puede llegar, bien y el que no… ¡salado! En el fútbol, como en la democracia, deben regir las mayorías, de lo contario celebraríamos la Navidad allá por el solsticio de verano del 2050, por la tarde… y así, qué chiste.</p>



<p>Todavía si fuera cierto aquello de que en diciembre todos los días son viernes y ninguno lunes, pero como no deja de ser una frase cajonera para justificar los excesos de la época, tampoco le hagamos mucho caso. Ni somos carajillos de 18 como para dormir solo tres horas y ser personas relativamente funcionales al día siguiente, y tampoco podemos poner en pausa nuestras obligaciones regulares, esperando a que Santa y sus duendes trabajen y estudien por nosotros.   </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-scaled.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-2469" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-980x653.jpg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-480x320.jpg 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>Así las cosas, considerando que el tiempo es restringido y, en este país, las presas se incrementan exponencialmente al nivel de los precios de los ingredientes del tamal, no podemos andar por la vida comprometiéndonos en cuanta cosa nos inviten, como si fuéramos una especie de “Nightcrawler” (el superhéroe de X-Men) con capacidad de teletransportación inmediata.</p>



<p>¡Imposible quedarle bien a todo mundo! Mejor administremos bien nuestras fuerzas y energías, eligiendo sabiamente con quién, dónde y cómo queremos invertir nuestro exiguo saldo de tiempo navideño. Si su plan vacacional es decretarse un autoexilio voluntario en Santa Teresa o Malpaís, bebiendo piña colada y meditando a la luz de la luna, o simplemente quedarse en su casa acostado viendo Netflix, no haga como yo y mejor váyase de vacaciones en cualquier otra época del año, menos en diciembre.</p>



<p>De lo contrario, volverá a la mal llamada vida real como si el trineo de Santa le hubiera pasado por encima y más agobiado que Arnold Schwarzenegger buscando a Turbo-Man en la película “El regalo prometido”. En otras palabras, más cansado de lo que salió y deseando que sea diciembre para, nuevamente, no volver a descansar y así, sucesivamente, en ese frenético ritmo de vida, se va menguando su salud (física y mental), su energía vital y, si me apuran, hasta su ilusión por la Navidad.</p>



<p>Y los tres anteriores son regalos demasiado sagrados y valiosos como para perderlos en medio de un arrebato de agobio y estrés. Disfrutemos las fiestas, no las suframos. En diciembre y durante todo el año, volvamos a lo esencial. ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/11/volvamos-a-lo-esencial-feliz-y-desacelerada-navidad/">Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</title>
		<link>https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Oct 2024 02:00:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
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		<category><![CDATA[navidad 2024]]></category>
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		<category><![CDATA[opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuál es el origen de estas navidades cada vez más tempraneras? No sé si es por un auténtico e irrefrenable espíritu festivo que, como la influenza, se disemina por doquier en estos tiempos lluviosos o por una creciente presión mercantilista que obliga a más de uno a hacer su diciembre en agosto.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/">¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A como estamos, ya no vamos a saber si comernos primero la sardina o el tamal. Según el calendario gregoriano, la Semana Santa antecede a la Navidad. Pero a juzgar por acontecimientos recientes, ya no estoy tan seguro.</p>



<p>Si por más de uno fuera se va directo y sin escalas de la procesión del Resucitado a las posadas del barrio. O, peor aún, se saltan con garrocha de diciembre a diciembre, pasándole por encima a todo lo que haya en el interín (al padre, a la madre, al niño, al Espíritu Santo y hasta a los próceres de independencia).</p>



<p>Para muchos, no sería mala idea. Se ahorran varios feriados, con todos los pagos doble y gastos extra que eso implica y, a la postre, aumentarían utilidades (¡bendito capitalismo!). El problema es para el resto de los mortales que, más bien, imploran por duplicar la cantidad de feriados al año.</p>



<p>Sin embargo, pareciera, más bien, que se están acortando. En nuestro afán por desempolvar cuanto antes las luces, las botas y los muñecos de nieve, no ha terminado de resucitar Jesús cuando ya lo queremos mandar de vuelta al pesebre, como si fuera el mismísimo Benjamin Button. ¡Y así, tampoco!</p>



<p>Demos chance a que las banderas tricolores ondeen tranquilas en las fachadas de las casas, sin ningún tipo de intromisión extemporánea proveniente del Polo Norte. Porque, de lo contrario, no sería nada raro que el próximo año, la antorcha de la libertad sea escoltada por Santa Claus en trineo y que Rodolfo El Reno se cuele con su farol de cascanueces entre los escolares que desfilan en la víspera de la conmemoración del grito de independencia.</p>



<p>¿Y a usted qué le importa si la gente quiere empezar a decorar recién regresando de Romería? ¿Si lo hizo Maduro en Venezuela, por qué yo no? me recriminará más de un lector, tildándome de amargado y aguafiestas. Les doy la razón. Cada quien hace con su vida y su casa lo que quiera. Allá ellos si quieren darle posada a los Reyes Magos todo el año.</p>



<p>Pero, el otro día, que vi en el periódico que una reconocida tienda departamental daba por inaugurada la Navidad a mediados de septiembre y otra emisora, en media presa, me quería recetar el “villancico” de <em>Navidad sin Ti</em>, del Buki, después de escuchar la Patriótica, me convencí de que ya el asunto está adquiriendo tintes surrealistas.</p>



<p>Entre resignado y gracioso, me dije: ¡No más! Paren esto que yo aquí me bajo. Ni siquiera han amainado las lluvias del último trimestre y ya nos quieren zampar por la fuerza los vientos alisios con aroma a ciprés. ¡No se vale! Déjenme primero decidir cuál disfraz voy a usar para la fiesta de Halloween y, luego, hablamos de muérdagos, bellotas y rompope.</p>



<p>Y repito, no es que yo sea un amargado o la reencarnación criolla del Grinch (al contrario, amo la Navidad), pero es que, a veces, me parece que vamos viviendo, como diría mi abuela, a trompada de loco. Si ya de por si el tiempo, en su acelerado e inexorable transcurrir, nos lleva casi que arrastras, por qué nos empecinamos en inyectarle “nitro” a la máquina.</p>



<p>Aquello de que el mundo se va a acabar no es más que el pegajoso estribillo de una canción de Molotov de finales de los 90. Si acaso una advertencia para los incrédulos del Y2K, pero nunca una verdad irrefutable o profecía autocumplida. Mucho menos una justificación para deambular por la vida enarbolando la consigna de que cualquier fecha y lugar son buenos para celebrar, como si con los excesos típicos de diciembre no tuviéramos suficiente.</p>



<p>Admito que no es fácil resistirse a la tentación de colgarse desde ahora el gorrito rojo. Es más, confieso que he caído y a mucha honra. Aquí donde me ven quejándome por las Navidades anticipadas, el otro día me puse a ver una de esas películas navideñas categoría CC (cursi y cliché) que abundan en Netflix y ya estoy con ganas de tirarme la segunda, por más predecibles y básicas que sean (la típica historia de la pareja que pasa del odio al amor en menos de lo que se desenvuelve un tamal).</p>



<p>Y para terminarla de hacer, también, recientemente, me percaté, gracias a la capacidad de observación de mi hermana, que unos platos de Santa tienen más de 10 meses de estar adornando la pared de mi cocina… y yo, ¡ni en cuenta! Así o más despistado. Y a estas alturas, ¿para qué quitarlos? Que me acompañen desde ya a recibir con orgullo el 2025. De por sí, ya hace rato que iniciaron los simulacros de fin de año.</p>



<p>¿Cuál es el origen de estas navidades cada vez más tempraneras? No sé si es por un auténtico e irrefrenable espíritu festivo que, como la influenza, se disemina por doquier en estos tiempos lluviosos o por una creciente presión mercantilista que obliga a más de uno a hacer su diciembre en agosto.</p>



<p>¿Será eso o será que los valores navideños se han visto injustamente reemplazados por la fiesta, las comilonas, el guaro y el desenfreno? Puede ser, también, que se nos va tan rápido la temporada que muchos fiesteros desean extenderla a ver si acaso nos alcanza para todas las reuniones y compromisos que afloran durante tan magnánimos días. Si ese es el caso, no los juzgo, los entiendo y me les uno a la causa.</p>



<p>Es más, entre tanta desventura que nos embarga a diario, bien nos cae un merecido respiro, prorrogable a tres o seis meses plazo. Lo que pasa es que, bajo esa premisa, nos va a faltar calendario para anestesiar el efecto pernicioso de tanta mala noticia que contamina el entorno cotidiano.</p>



<p>Pensándolo bien, tal vez lo que necesitamos es no andar buscando tanto por fuera lo que guardamos adentro. Los sentimientos de la época (felicidad, amor, unión, armonía, paz, etc.) habitan en nuestro interior y solo florecen cuando nos sometemos a una automejora continua que nos faculte a asumir dignamente los retos venideros, en cada uno de nuestros roles y facetas.</p>



<p>El espíritu navideño puede mantenerse vigente dentro de nosotros todo el año (es más, así debería ser). No hacen falta luces multicolores en la calle ni empezar la Navidad después del día de los enamorados para encontrar esas emociones asociadas. Es algo que viene determinado, no por la fecha que señale el calendario, sino por las decisiones y pensamientos que decidimos alojar en nuestra mente y corazón.</p>



<p>Cuando así lo entendamos, sea producto de una profunda introspección o un milagro de Navidad, habremos comprendido que una cosa es celebrar la época y otra muy diferente vivirla en su máximo esplendor. Optemos por lo segundo y dimensionemos, finalmente, el verdadero significado de la Navidad, uno que no conoce de fechas, momentos y lugares.</p>



<p>¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo… hoy, mañana y siempre!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/">¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Días de amor, paz… y nostalgia</title>
		<link>https://analistahoy.com/2018/12/dias-de-amor-paz-y-nostalgia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Dec 2018 17:49:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[nostalgia]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos de infancia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jornadas completas de sano esparcimiento. De más naturaleza y menos celulares, de más experiencias vividas y no grabadas. De abrazos, sonrisas, sudadas, chollones, embarrialadas, pláticas cara a cara y visitas a los seres queridos, entre muchas otras remembranzas que marcaron una época inolvidable para las generaciones más veteranas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em><strong>Foto cortesía de Rolando Quesada</strong></em></p>
<p>Hay épocas del año que nos ponen nostálgicos. Y la Navidad es la principal de ellas. Por más aires de amor y paz que nos quieran vender, siempre pulula en el ambiente eso que la Real Academia define como “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.”</p>
<p>De lo contrario, Luis Aguilé nunca hubiera entonado “Ven a mi casa esta Navidad” ni Marco Antonio Solís nos recetaría las despechadas estrofas de “Navidad sin Ti”, casi considerada como un villancico más de temporada.</p>
<p>Aunque la definan como un sentimiento de tristeza, no creo que la nostalgia sea del todo mala. Al menos, a mí me hace recordar que estoy vivo y que he vivido. Nada mejor que escudriñar entre las memorias del subconsciente para alegrar el espíritu al calor de bellas canciones, lugares, personas, olores y películas que nos retrotraen a tiempos pasados maravillosos.</p>
<h2>Un Colacho viral</h2>
<p>Traigo a colación esta “acabangada” reflexión a propósito de la publicación que hizo recientemente un querido amigo y colega en Facebook. Resulta que, de compras por el centro de Cartago, fue a visitar al Santa Claus en bicicleta que, desde hace varios lustros, colocan en el ventanal de la tienda deportiva, Pigo Pérez.</p>
<p>Inspirado por los aires decembrinos de esa despejada y soleada tarde, se le ocurrió tomarle una foto y publicarla junto a un corto pero emotivo texto en el que recordaba el valor sentimental del Colacho ciclista para los niños de aquella época, quienes no sólo crecieron al lado del barbudo y atlético personaje, sino también de otras genialidades de fin de año, como las inolvidables Visitas Navideñas, de Carlos Lafuente, en la desaparecida Radio Rumbo.</p>
<p>Ni para qué lo hizo. Aunque el comentario iba dirigido especialmente a los “conocedores cédula 3”, creo que debió ampliarlo a todos cuya edad inicia en ese número, dado que no hubo treintañero –ni cuarentón o cincuentón-  que no se sintiera aludido con su comentario.</p>
<p>A las pocas horas, ya se había vuelto viral. Al momento que escribo estas líneas, suma casi 2 mil reacciones, 263 comentarios y 652 veces compartido. “Me han llegado un montón de solicitudes de amistad de gente que ni conozco”, me contó entre risas, tras analizar el curioso fenómeno que puso de manifiesto el lado positivo de las redes sociales. ¡Ojalá se usaran más seguido para este tipo nobles propósitos!</p>
<p>En mi caso, le confesé que, después de leerlo, no pude resistirme la tentación de rememorar en <em>YouTube</em> las visitas navideñas, con sus cuentos, villancicos, cartas (recibían hasta 18 mil diarias) y la famosa gaveta de las hormigas. Imposible olvidar al “Pescador y el príncipe encantado”, “La casa del bosque”, “Los tres pelos del diablo”, los dientes de Pánfilo, las chillonas ardillitas de Lalo Guerrero, entre otros protagonistas del popular espacio radiofónico.</p>
<h2>Regreso al pasado</h2>
<p>Horas más tarde, mientras transitaba por San José de noche, la carga nostálgica se redobló. Aún resonando en mi mente la voz inconfundible de don Carlos y canciones como “Jingle Bells” y “El Tamborilero”, viajé irremediablemente a mis años de infancia, incitado por las figuras multicolores que alumbran las calles desde lo alto, los árboles azules que flanquean los costados del Parque Central y los escaparates de la tienda mostrando las promociones navideñas.</p>
<p>Conforme avanzaba por una Avenida Segunda impecablemente ataviada para la ocasión, regresé al barrio González Truque, en mi querido Tibás de antaño. Ahí estaba yo, al mejor estilo del Colacho brumoso, montado sobre mi bicicleta roja BMX, disfrutando, junto a mis amigos, de las tardes de “cleteadas” y galletas.</p>
<p>En la noche, después de la mejenga de garaje y los consecuentes pelotazos en la pared blanca, que a mi mamá no le hacían nada de gracia, iríamos a rezar y comer –más lo segundo que lo primero- a las posadas de la casa de mi abuela, en Guadalupe, donde nos dábamos cita toda “la chiquillada” a tomar resbaladera y degustar pan casero.</p>
<p>¡Ah, tiempos aquellos! La ilusión de levantarse los 25 de diciembre a abrir los regalos que “Santa” dejaba al pie del árbol o de la cama y pasar todo el día, añejo y empijamado, estrenando las nuevas adquisiciones; las fiestas de la alegría, las camisetas del uniforme escolar con los autógrafos de los compañeros, las cartas al Niño, las tarjetitas de “felices vacaciones”. En fin, tantos recuerdos y tan poco espacio para describirlos.</p>
<h2>Disfrutar como niños</h2>
<p>Yo no sé si todo tiempo pasado fue mejor –eso es muy relativo. Pero si hacemos un sondeo sobre la veracidad o no de dicho refrán, aplicado al ayer y hoy de la época, no dudo que los nostálgicos ganamos y por goleada. No es porque seamos abuelitos, anticuados o reaccionarios de la modernidad.</p>
<p>Todo obedece a la alta dosis inherente de nostalgia que distingue a la Navidad. <span style="display: inline !important; float: none; background-color: transparent; color: #666666; cursor: text; font-family: 'Open Sans',Arial,sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: 500; letter-spacing: normal; orphans: 2; text-align: left; text-decoration: none; text-indent: 0px; text-transform: none; -webkit-text-stroke-width: 0px; white-space: normal; word-spacing: 0px;">¿No me cree? Deténgase a ver la emoción con que los padres primerizos viven estas fechas.</span> En la mayoría de las veces , nos guste o no, está indivisiblemente ligada a gratas experiencias en las que grandes y chicos disfrutábamos como niños.</p>
<p>Sinónimo de días libres sin madrugadas, paseos familiares, juegos tradicionales, idas al parque. Jornadas completas de sano esparcimiento. De más naturaleza y menos celulares, de más experiencias vividas y no grabadas. De abrazos, sonrisas, sudadas, chollones, embarrialadas, pláticas cara a cara y visitas a los seres queridos, entre muchas otras remembranzas que marcaron una época inolvidable para las generaciones más veteranas.</p>
<p>¿Y usted de qué se acuerda? ¡Feliz y nostálgica Navidad! Y que el 2019 nos traiga la dicha de revivir en nuestros corazones la magia de esos entrañables momentos que no volverán. ¡Que así sea!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2018/12/dias-de-amor-paz-y-nostalgia/">Días de amor, paz… y nostalgia</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>20 años después… ¿felices fiestas?</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/12/20-anos-despues-felices-fiestas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Dec 2017 02:43:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[felices fiestas]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Qué bueno sería empezar a grabar, no en las historias de Instagram, sino en nuestro corazón la voz amorosa de un ser querido, el sincero “te perdono” o “te quiero” de un pariente olvidado, cuyo significado no se puede resumir en 280 caracteres.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/12/20-anos-despues-felices-fiestas/">20 años después… ¿felices fiestas?</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-1271" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-300x200.jpg" alt="fiestas navideñas en familia" width="300" height="200" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-300x200.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-768x513.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-610x407.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Cada vez me convenzo más que Carlos Gardel tenía razón cuando decía que 20 años no es nada. Precisamente ese es el tiempo que tiene mi familia de vivir en Guatemala, yo de haber ingresado al colegio y Figueres de haber dejado la Presidencia; todos, como habrán notado, muy bonitos recuerdos.</p>
<p>Dos décadas han transcurrido también desde que el historiador Oscar Aguilar Bulgarelli, escribió un artículo para la Cámara Nacional de Radio (CANARA), intitulado Aires de Navidad. Forma parte de una recopilación de comentarios que el autor compiló en su libro Contrapunto, el cual me encuentro leyendo.</p>
<p>El artículo en cuestión se publicó en noviembre de 1997, pero se encuentra más vigente que nunca, como suele suceder con muchos otros de sus escritos de diversas temáticas sobre la realidad costarricense como la política, la educación, la cultura y hasta nuestro desvirtuado “modus vivendi” de Semana Santa.</p>
<p>Pero como nos encontramos inmersos en una época de alegría y lo menos que quisiera es arrebatarle ese sentimiento a los lectores poniéndome a hablar del “cementazo”, corrupción, politiquería y demás yerbas disuasivas del espíritu navideño, eso lo dejaré para una próxima ocasión y, de momento, me limito a preguntarles si lo anterior será mera coincidencia o es que, en realidad, 20 años no solo no es nada, sino que también ha sido tiempo insuficiente para hacer algo.</p>
<p><strong>El tiempo se detuvo</strong></p>
<p>Les dejo la respuesta de tarea. Mientras tanto, volviendo a lo que nos compete, el autor nos dice: “… la rapidez con que pasa el diario vivir, las urgencias con que debemos lidiar permanentemente, el rápido acontecer de la vida cotidiana, o tal vez la esperanza de que algunos cambios nos procuren mejores días, han hecho que mil novecientos noventa y siete sea un año que se nos escapó de las manos, casi sin darnos cuenta.”</p>
<p>Confieso que tuve que releer varias veces la fecha de publicación para cerciorarme que efectivamente había sido escrito en 1997 y no ayer o la semana pasada. Salvo la alusión que hace al portal, al árbol de navidad y los tamales de 1996 –que, dicho sea de paso, tampoco deben ser muy distintos a los de ahora-, todo lo demás parece haber sido calcado al carbón.</p>
<p>Si ya desde hace dos décadas se venía presentando este inquietante fenómeno, no quiero imaginarme lo que ciertos factores más recientes, como el materialismo, el consumismo y la deshumanización, han provocado en la sociedad actual, donde importa más un masivo alcance orgánico en redes sociales que nos infle el ego que una conversación cara a cara que nos reconforte el alma.</p>
<p>Me encuentro de visita en Guatemala y la verdad es que el panorama no dista mucho al que se ve a diario en Costa Rica, sea hoy, o 20 años atrás. Entre compras, fiestas, tragos y juergas, nos olvidamos de lo más importante. Son muchos los llamados que desde diversos medios se hacen para recobrar el verdadero sentido de la Navidad. Tantos que ya suena a lugar común escribir del tema. Sin embargo, consciente de que los avances logrados no han sido igual de comunes, uno mi voz a ese clamor generalizado en pro de una justa y correcta dimensión del significado real de estos días postrimeros del calendario.</p>
<p><strong>Los valores navideños</strong></p>
<p>Cuánto me gustaría que en lugar de recetarnos “chinamos, fiestones, parrandones, procacidades, ombligos y siliconas”, como afirmó don Oscar Aguilar, en otro de sus artículos, publicado en el 2003 -¿o será del 2017?- los medios de comunicación, en conjunto con los hogares y centros educativos, contribuyeran a rescatar del ostracismo esos preciados valores que deberían prevalecer para que estas fiestas sean verdaderamente felices.</p>
<p>Qué bueno sería empezar a grabar, no en las historias de Instagram, sino en nuestra mente y corazón la voz amorosa de un ser querido, el sincero “te perdono” o “te quiero” de un pariente olvidado, cuyo valor no se puede resumir en 280 caracteres; o la satisfacción personal que brinda tender una mano solidaria al más necesitado, aunque mis seguidores en Facebook nunca se enteren ni conviertan en viral mi “desinteresado” gesto altruista.</p>
<p>“No me cabe duda que algún día lamentaremos no haber hecho lo posible por disponer de ese tiempo, y cuando nos demos cuenta ya no podremos disfrutar de los elementos esenciales y trascendentes de la existencia”, agrega el escritor, en Aires de Navidad. ¿Será que ya llegó ese día? Es responsabilidad de todos evitarlo y no esperar a que pasen otros 20 años, cuando ya sea demasiado tarde. O, como diría Gardel, cuando tengamos que vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloramos… una y otra vez.</p>
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		<title>Lecciones inolvidables de un mes negro</title>
		<link>https://analistahoy.com/2016/12/lecciones-inolvidables-de-un-mes-negro/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2016 16:55:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[lecciones]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[noviembre]]></category>
		<category><![CDATA[superación personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Noviembre de 2016. ¡Qué mesecito, por Dios! Ganó Trump, murieron futbolistas y expresidentes, una tragedia áerea, un huracán, pérdidas, damnificados y, para terminarla de redondear, cerramos con un fuerte sismo en Cartago. ¿Algo más? Dios nos libre. Ya fue suficiente. Como dicen popularmente, nos traían a trompada de loco. No salíamos de una para meternos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720.jpg" rel="attachment wp-att-1014"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-1014" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-300x154.jpg" alt="norway-772991_960_720" width="300" height="154" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-300x154.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-768x394.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Noviembre de 2016. ¡Qué mesecito, por Dios! Ganó Trump, murieron futbolistas y expresidentes, una tragedia áerea, un huracán, pérdidas, damnificados y, para terminarla de redondear, cerramos con un fuerte sismo en Cartago.</p>
<p>¿Algo más? Dios nos libre. Ya fue suficiente. Como dicen popularmente, nos traían a trompada de loco. No salíamos de una para meternos en diez. “¡Ya, paren esto que yo aquí me bajo!”, me daban ganas de gritar en medio de la aciaga cadena de infortunios.</p>
<p>Las siete plagas se quedaron cortas entre tanta mala noticia. Y por dicha, noviembre tiene 30 días y no 31. No creo haber soportado 24 horas más en las que cualquier cosa podía pasar. Definitivamente lo mejor que le pudo ocurrir al –literalmente- mes negro es que se acabara. Esperemos que, ya entrados de lleno en diciembre, los aires navideños traigan consigo alentadores motivos para recuperar el entusiasmo y el optimismo.</p>
<p>Tal vez no hay muchas razones para estar alegres frente a tanta calamidad, pero como todo lo que nos pasa es un aprendizaje, sea bueno, malo o feo, sirva la montaña rusa que experimentamos en noviembre para reflexionar sobre algunos temas vitales de cara al fin y principio de año.</p>
<p><strong>Cinco valiosas lecciones</strong></p>
<ul>
<li>Primeramente, la fugacidad del tiempo. Dirán que es un concepto algo relativo, pero creo que la mayoría coincidimos en que es lo que más rápido se nos va. Parece que fue ayer cuando estábamos guardando los adornos navideños y ya hoy están desempolvados y colocados de nuevo ¿En qué momento nos robaron no sólo el mes de abril, sino el año completo? En definitiva, el tiempo es lo más preciado que tenemos, un valioso activo intangible que, una vez, perdido ya nunca más lo recobraremos. ¡Hasta los santos lo lloran! Por eso hay que aprovecharlo mientras se tenga y entregarlo sin condiciones a las obras y personas que verdaderamente lo merecen. De lo contrario, el celular, las redes sociales o la fura de la naturaleza se encargarán de robárnoslo sin compasión.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Segundo, la vida es ahora, no fue ayer ni será mañana. No me cansaré de repetir la sabia frase del coronel Slade –Al Pacino- en la magistral película, Perfume de Mujer. “La vida se vive un momento”. Es lo único que tenemos asegurado, no hay más. No sabemos si segundos después ya será demasiado tarde para emprender un nuevo reto, hacer un ansiado viaje, expresar un sentido te amo o dar un sincero cumplido. Hoy estamos, mañana no sabemos, dice una frase trillada pero muy cierta.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Tercero, la vida es muy frágil. En un pestañeo, un huracán, un avión siniestrado nos lo puede quitar todo, hasta la vida misma. A la muerte le importa un bledo dinero, fama, clase social, profesión y demás espejismos revestidos de una falsa ilusión de inmortalidad. Falleció un humilde niño, atropellado en La Garita de Alajuela; fallecieron 20 jugadores del Chapecoense de Brasil, en un accidente áereo. Para todos, el destino fue el mismo; para los que lo sobrevivimos, tarde o temprano, también lo será, ya sea que lleguemos en limosina o en carretillo.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Cuarto, no cuestionemos los designios de Dios. Por más que lo hagamos, nada devolverá a los futbolistas del club brasileño, como tampoco nada devolverá al excapitán saprissista, Gabriel Badilla, quien se nos adelantó mientras hacía lo que tanto le apasionaba: practicar deporte, el mismo que le había regalado tantas alegrías, en la disciplina del fútbol, le arrebataba la vida mientras corría. “La vida es un misterio, no desperdicies tu tiempo tratando de entenderla”, reza una de las frases célebres de la grandiosa película, El Camino de un Guerrero, al hacer alusión a las paradojas, una de las tres grandes reglas de nuestra existencia. Si ya la vio, sabrá cuáles son las otras dos. Si no, véala y descúbralo. ¡No se arrepentirá!</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Quinto, hay gente en Upala y Bagaces que aún nos necesita, ahora más que nunca. Viene la etapa más crítica: la reconstrucción y vuelta a la normalidad. Levantarse de los escombros y empezar de nuevo, ya lejos de las cámaras, las entrevistas y los eventos de recaudación. No podemos dejarlos solos, inmersos en la desolación que los embarga por los familiares muertos, los bienes anegados y la esperanza mancillada.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un nuevo año, una nueva oportunidad</strong></p>
<p>En esta Navidad hay muchos que urgen ver reflejados en cada uno de sus semejantes el verdadero sentido de una época que va más allá de un simple regalo, cuyo costo no se compara al valor incalculable de un reconfortante abrazo, un mensaje de consuelo, la ayuda espiritual y material que sana corazones y recupera la fe perdida.</p>
<p>Un nuevo año se asoma, la oportunidad indicada para crecer y disfrutar de un trayecto prometedor hacia la conquista de una vida extraordinaria y ayudar a que otros hagan lo mismo. Lo importante, al final de cuentas, no es el destino sino el viaje. He ahí el secreto para que en el 2017 encuentre la felicidad en todo lo que hace, independientemente de Trump, los huracanes, los temblores o todas las anteriores juntas. Siempre habrá motivos para sonreír y tener unas felices fiestas y un venturoso año nuevo. ¡Siempre!</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>“La muerte no es triste, lo triste es que la mayoría de la gente nunca llega a vivir”. </em></strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>El Camino de un Guerrero.</em></strong></p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2016/12/lecciones-inolvidables-de-un-mes-negro/">Lecciones inolvidables de un mes negro</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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