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	<title>pozo azul | Analista Hoy</title>
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	<description>Una mirada a la actualidad desde una óptica personal</description>
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	<title>pozo azul | Analista Hoy</title>
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		<title>Desde su rincón celestial, un ángel dorado nos cuida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2025 23:46:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[abuela]]></category>
		<category><![CDATA[guanacaste]]></category>
		<category><![CDATA[homenaje póstumo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ella quiso que ni siquiera su muerte fuera motivo de molestia. En su inmensa bondad y fiel a su maternal costumbre de importunar lo menos posible, se esperó hasta la entrada en vigor del seguro familiar adquirido previsoramente por mi madre meses atrás para, ahora sí, dar su último respiro. Quizás esa fue la principal [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ella quiso que ni siquiera su muerte fuera motivo de molestia. En su inmensa bondad y fiel a su maternal costumbre de importunar lo menos posible, se esperó hasta la entrada en vigor del seguro familiar adquirido previsoramente por mi madre meses atrás para, ahora sí, dar su último respiro.</p>



<p>Quizás esa fue la principal razón por la que, luchadora que es y a contrapelo de los más sombríos pronósticos médicos que anticipaban el doloroso desenlace desde mediados del año pasado, se esperó hasta esa triste mañana de principios de diciembre para despedirse de este mundo.</p>



<p>Fue eso o quizás, simplemente, no quería marcharse hasta no tener garantía de la resolución de algunos asuntos familiares pendientes y que, nosotros, los que le sobrevivimos, le concediéramos el permiso y libertad para irse tranquila y en paz, con la promesa de que todo estaría bien en su ausencia.</p>



<p>Fiel a su costumbre de aleccionar en cada acto o palabra, nos enseñó que dejar ir o soltar es también un acto de amor y parte consustancial de esta vida impermanente en la que estamos inmersos. Ese fue el eslabón final de una larga cadena de valiosas enseñanzas que nos heredó la abuela, la madre, la amiga, la empresaria, la líder comunal, entre muchos otros roles más que desempeñó doña María Luisa Barahona Torres con integridad y entereza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM.jpeg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-2524" style="width:451px;height:auto"/></a></figure>
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<p>En sus múltiples facetas siempre se distinguió por ser una mujer de hierro, una todo terreno, de carácter fuerte, pero espíritu noble y desprendido, que desconocía el significado de la frase “no puedo” y cuya mayor satisfacción era el servicio desinteresado hacia los demás.</p>



<p>Con la misma determinación que, siendo una niña a la que apodaban “Tija”, caminaba bajo un sol abrazador en busca de agua de pozo… así fue avanzando por la vida, superando obstáculos y pruebas, primero en su natal Zagala Vieja, y luego, años más tarde, en su amado Pozo Azul de Abangares, pueblo del cual ni la muerte pudo separarla.</p>



<p>Ahí no solo crio con esmero y dedicación, junto a mi abuelo Sabino, una familia de siete hijos, sino también, contra todos los pronósticos y machismos de la época, se consolidó como una mujer “empunchada”, valiente, visionaria, amorosa, solidaria y emprendedora por naturaleza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/20220118_160348-1-scaled.jpg"><img decoding="async" width="576" height="1024" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/20220118_160348-1-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-2544" style="width:374px;height:auto"/></a></figure>
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<p>En su historial sobresalen varios hitos: la primera en manejar carro en el pueblo, la mejor vendedora de ropa por catálogo del negocio de mi tía, y de las pocas personas de la zona que, a sus casi 70 años, completó con honores la primaria, demostrando no solo una asombrosa habilidad para los números, sino también -y he ahí otra de sus enseñanzas de vida- que nunca es tarde para alcanzar los sueños.</p>



<p>¿Qué no hizo mi abuela para ayudar con la manutención del hogar y sacar adelante a sus hijos y a su pueblo? Vendió huevos, leche, queso, frutas, entre otros productos; crío animales de granja (gallinas ponedoras, vacas y cerdos); comercializó ropa importada, hizo rifas&#8230; Y todo ello, sin descuidar sus labores domésticas, ni sus obligaciones en la iglesia local, de donde era asidua colaboradora. En definitiva, como la definió acertadamente mi papá, una mujer adelantada a su época.</p>



<p>Cierro los ojos y me parece verla, a las 6 de la mañana de un domingo, dando vueltas en la cocina, preparando los pedidos del día (la leche de Claudio, el queso de Ana…), mientras con una mano atendía el teléfono (“¿Ya me tiene la plata para pasar ahora más tarde?”) y con la otra ponía a cocinar las chorreadas o el pinto a la espera de que llegaran los primeros comensales que, a esa hora, aún dormíamos plácidamente, escuchando a lo lejos los trastes y la dulce voz de la abuela.</p>



<p>En medio de su trajín diario que se extendía hasta entrada la noche, siempre encontraba tiempo para chinear a sus “pollitos” (más de 20 nietos y 10 bisnietos) quienes, en su mayoría, los fines de semana o en tiempo de vacaciones, llegábamos sin falta a visitarla y dejarnos consentir.</p>



<p>Desde días antes se preparaba para tener todo a punto: que los frijoles para el caldito de Julián, que los platanitos para su “peluchita” (mi hermana María Laura), que el queso frito para los de Moma. Todo sazonado con los mejores ingredientes naturales y ese inigualable amor de abuela que hacía que todo lo que saliera de esa cocina de leña nos supiera a gloria.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.20.23-PM-2.jpeg"><img decoding="async" width="720" height="1281" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.20.23-PM-2-edited-1.jpeg" alt="" class="wp-image-2542" style="width:331px;height:auto" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.20.23-PM-2-edited-1.jpeg 720w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.20.23-PM-2-edited-1-480x854.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 720px, 100vw" /></a></figure>
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<p>La comida era de uno de sus lenguajes preferidos del amor. A mí me lo demostró cuando, con meses de nacido, en mi primera visita al pueblo, tenía a mi mamá al borde de la locura de tanto llorar y mi abuela, en una mezcla de intuición y sabiduría, dedujo que el berrinche era de hambre y me recetó un chupón de leche tibia que me mandó a dormir como por cuatro horas y… “santo remedio”.</p>



<p>Hasta la fecha, la leche al pie de la vaca (sin preservantes y con nata incluida) sigue siendo de mis favoritas y mi abuela lo sabía, por lo cual, incluso pocos meses antes de morir, aún me enviaba, junto con los plátanos, los aguacates y el queso de rigor, la respectiva botella plástica de dos litros de Coca Cola, llena de esa sabrosa y espumante bebida. “Para mi nieto ternerito”, decía orgullosa. Cómo olvidar también su famoso pollo con verduras, sus sopas de ayote tierno, sus huevos fritos al comal a dos vueltas y el cremoso atole de chocolate para antes de dormir. Legítimos manjares de dioses.</p>



<p>¡Ay tantas comidas, tantos gratos recuerdos y tan poco espacio para describirlos! Las fiestas de fin de año con pierna de cerdo y lomo relleno, los juegos de pólvora a la media noche del 1 de enero, las idas al río, las mejengas en la plaza, las acampadas en la finca… todos matizados con el ambiente único y afecto inconfundible de los paseos a la casa de la abuela María Luisa.</p>



<p>Cada uno de los primos tendrá sus momentos favoritos (los regaños de la abuela por estar desvelados jugando hasta altas horas de la noche o amanecer todos como sardinas, tirados en el piso del cuarto), pero yo particularmente atesoro con especial afecto, cuando, en años más recientes, me le acostaba en “el rincón de la abuela” (su cama) a ver tele, mientras compartíamos alguna golosina que le “robaba” del frasco gigante de las provisiones; cuando ya me retiraba de su habitación me gustaba atisbarla con frecuencia desde afuera de la ventana y preguntarle si estaba bien o se le ofrecía algo.</p>



<p>¿Tiene hambre, abuela? “No, no tene”, me respondía en tono chineado y a lo mejor deseando comer, la pobre. “Vaya coma usted que ya es tarde”, me decía. Y al rato, la escuchaba llamando a la empleada de turno para que me sirviera “el bocadito.” “Fíjese a ver si hay aguacate maduro y le da uno porque a él le gusta”, la instruía, reflejando ese arraigado don de mando que la distinguía y que, en más de una ocasión, me valió una regañada por no recordar los diez favores que me pidió en cuestión de un minuto. “¡Ay mi amor, ese no es!”, me reprendió por despistado cuando en lugar del balde rojo del alimento de las gallinas le llevé la palangana del queso.</p>



<p>Pero ella, como buena abuela, nos quería a todos por igual, con nuestras virtudes y defectos. ¡Cuánto orgullo le producían nuestros logros y cuánta angustia nuestras preocupaciones! Lo primero lo propalaba feliz y contenta entre propios y extraños y lo segundo lo meditaba en silencio a la luz de una vela y elevando una plegaria a Dios por medio de la Virgen del Carmen, a la espera de una pronta y certera resolución (ella tenía comunicación directa y sin escalas con el de arriba).</p>



<p>Más de una vez la sorprendíamos desvelada pensando en la aflicción o necesidad de algún hijo, nieto o conocido, sin importar si fuera un asunto mayúsculo o simple nimiedad. ¿Será que Danielita se acostó sin comer? ¿Dónde estará esa camisa que Jose no encuentra?… Y así se pasaba la noche rumiando y resolviendo penas ajenas. El bienestar de sus seres queridos siempre se impuso al suyo propio.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-full"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM-1-1.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" data-id="2534" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM-1-1.jpeg" alt="" class="wp-image-2534" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM-1-1.jpeg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-25-at-3.23.28-PM-1-1-480x640.jpeg 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 768px, 100vw" /></a></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-09-at-6.02.44-PM.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="1024" data-id="2548" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-09-at-6.02.44-PM-576x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-2548" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-09-at-6.02.44-PM-576x1024.jpeg 576w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2025/01/WhatsApp-Image-2025-01-09-at-6.02.44-PM-480x853.jpeg 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 576px, 100vw" /></a></figure>
</figure>



<p>¡Oh mi abuela, dentro de un saco!”, como decía en tono jocoso, aludiendo a una de sus frases favoritas, junto con otras más serias y profundas (“Yo me arreglo y me maquillo para mí” o como cuando le dijo a mi abuelo que él mandaba en la relación hasta que ella se lo permitiera), que evidenciaban el talante de una mujer plantada, inteligente, de carácter fuerte, pero con un corazón henchido de nobleza, amor, solidaridad y sentido del humor.</p>



<p>Así fue mi querida abuelita, doña María Luisa Barahona Torres. Físicamente ya no está con nosotros, pero está más viva que nunca en la mente y corazón de sus seres queridos, quienes ahora estamos llamados a honrar su valioso legado.</p>



<p>Ella para nosotros no ha muerto. Por mi parte, la sigo viendo en mis dulces sueños, en el sol que calienta estas tardes de verano (a mi abuela paterna la siento en el viento); en la mirada y consejos de mi mamá, quien veló estoicamente por ella hasta su último día; en el carácter de mi hermana; en la comida que me mandó mi prima Andrea en la fiesta de primos de diciembre y hasta en la luz de la vela que me acompaña mientras escribo estas líneas, acatando la voluntad manifestada en su recuerdo de novenario.</p>



<p>“Enciende esta velita y eleva una plegaria. Desde el cielo, el recuerdo y las oraciones de tu abuelita te seguirán acompañando”, reza la frase que aparece junto a una abuela bella, coqueta y sonriente. Que así sea y te agradezco por darme la fortaleza para finalizar estas líneas y por enjugarme las lágrimas que derramé mientras las escribía.</p>



<p>Vuelta alto y descanza en paz, abuela. Desde ese mejor lugar en el que ahora te encuentras (tu rincón celestial), extiende tus alas de ángel dorado para cuidarnos hasta el día que nos volvamos a encontrar. Gracias por tanto. ¡Te amamos!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2025/01/desde-su-rincon-celestial-un-angel-dorado-nos-cuida/">Desde su rincón celestial, un ángel dorado nos cuida</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Una cuchara de oro brilla desde el cielo</title>
		<link>https://analistahoy.com/2021/10/una-cuchara-de-oro-brilla-desde-el-cielo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Oct 2021 17:15:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[doña cristina]]></category>
		<category><![CDATA[obituario]]></category>
		<category><![CDATA[pozo azul]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque la auténtica cocina criolla era una de sus principales pasiones, limitarse a calificarla como una excelente cocinera, es no hacerle justicia a su enorme legado.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image is-style-default"><figure class="aligncenter size-medium is-resized"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2021/10/foto-dona-cristina-2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2021/10/foto-dona-cristina-2-171x300.jpg" alt="" class="wp-image-2147" width="269" height="472"/></a><figcaption><em>Doña Cristina, junto a su vecina y gran amiga, mi abuela María Luisa.</em></figcaption></figure></div>



<p>Ella era una reina Midas de la cocina. Todo lo que pasaba por sus manos se convertía en oro puro sobre la mesa. En un verdadero manjar único que hacía las delicias de propios y extraños.</p>



<p>Tamal asado, pan de yuca, picadillos, gallina achotada… no había nada que le quedara feo. Tenía un don para la cocina como pocas señoras. Capaz de preparar unas exquisiteces como nunca había probado. Me atrevería a decir, con el perdón de las demás avezadas cocineras del pueblo, que era poseedora de la más fina y privilegiada cuchara de Pozo Azul y alrededores.</p>



<p>¡Qué bárbara para cocinar rico! Ojalá yo pudiera algún día llegar a hacer, aunque sea un huevo duro, con la gracia y sazón que ella les añadía a sus criollas recetas. Bastaba que anunciaran que había mandado algún “bocadito” para que los hambrientos comensales hiciéramos fila para probar su más reciente y deliciosa creación culinaria.</p>



<p>¡Ay, los famosos bocaditos de doña Cristina! Lo único malo que tenían era que se acaban muy rápido, dejándonos a todos con ganas de más. Cada mordisco, era una explosión de sabores en el paladar. De principio a fin, se percibía su talento para cocinar como los dioses, la habilidad para mezclar los ingredientes en su justa medida, pero sobre todo ese toque especial que ella le daba a todo lo que hacía dentro y fuera de la cocina: un amor incondicional.</p>



<p> Estoy seguro que ese era su secreto mejor guardado. Nunca se le veía haciendo algo de mal modo. Cocinar para otros era su máximo deleite, una especie de propósito de vida, una sabrosa manera de agasajar y agradecer la lealtad, la confianza y el respeto que un pueblo entero le profesaba.</p>



<p>¿Quién no probó en las fiestas, en un rezo o en el turno la comida de doña Cristina? Pozoazuleño que se respeta, lo había hecho y hasta repetido.</p>



<p>En sus últimos meses, a rastras y con serios problemas de movilidad, ella estaba ahí, en su humilde cocina, haciendo lo que tanto amaba. No había dolor, enfermedad o cansancio que la detuviera en su sagrada misión de alegrar el corazón –y el estómago- del prójimo.&nbsp;</p>



<p>“Tome, llévese este bocadito, aunque creo que no me quedó tan rico”, decía en su sencillez y modestia de campesina. Y uno, entre gracioso e incrédulo, salivando con solo el olor.</p>



<p>Aunque la auténtica cocina guanacasteca era una de sus principales pasiones, limitarse a calificarla como una excelente cocinera, es no hacerle justicia a su enorme legado, más allá de los sartenes, ollas y hornos de leña.</p>



<p>Ella fue mucho más que eso. Madre de una nutrida prole, abuela, bisabuela, amiga, vecina, devota de la virgen del Carmen, líder comunal e hija predilecta de su amado Pozo Azul. Junto a doña Isolina (que en paz descanse) y su mejor amiga, mi abuela María Luisa, era de una de las últimas matronas sobrevivientes de esa generación.</p>



<p>De aquellas señoras mayores de antaño, de cabellos platinados, rostros curtidos y surcos en la piel manchada que muestran orgullosas como heridas de guerra. Confesando al mundo, como Pablo Neruda, de que han vivido. Mujeres “empunchadas”, valientes, de carácter fuerte, quizás un poco mandonas, pero como un corazón henchido de gratitud y amor. Dignas exponentes de esa solidaria costumbre rural de anteponer el bienestar ajeno al propio. Para ellas, no hay mayor satisfacción que dar –mucho o poco- sin esperar nada a cambio.</p>



<p>&nbsp;“¿Cómo está, mi chiquito?”, fue el saludo que me dirigió con su inconfundible voz gruesa, la última vez que la vi en el corredor de su casa. Acompañada de una hija que la cuidaba, irradiaba una ternura, inocencia y serenidad envidiables. Tal vez un poco disminuida físicamente, pero con el don de gente y servicio intactos. Ni siquiera podía caminar y ella ya estaba viendo cómo se las ingeniaba para traernos el bocadito de rigor. ¡Tan bella la señora!</p>



<p>Me parece verla saliendo de la iglesia. Blanquísima como su alma pura y noble, enfundada en su impecable vestido café y sandalias del mismo color, bordón en mano, y su otrora rubia cabellera, brillando como estrella en el firmamento bajo el abrasador sol de la mañana. Derrochando simpatía, afabilidad y bondad en cada palabra que gustosa intercambiaba con todo aquel que se le acercara a saludarla.</p>



<p>¡Cómo la extrañaremos! Desde hace unos días ya no está más entre nosotros, pero su recuerdo, al calor de gratos momentos con sabor a café y tamal, vivirá por siempre, al igual que espero lo hagan sus recetas, en manos de algunos familiares herederos de su virtuosismo gastronómico.</p>



<p>Sin duda, doña Cristina ya había cumplido su misión: dejarnos un buen sabor de boca entre todos quienes tuvimos el honor de conocerle. Es su turno, buena señora, de degustar las delicias de la eternidad. ¡Buen provecho y hasta siempre!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2021/10/una-cuchara-de-oro-brilla-desde-el-cielo/">Una cuchara de oro brilla desde el cielo</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Sobreviviendo a un desayuno para valientes</title>
		<link>https://analistahoy.com/2019/02/sobreviviendo-a-un-desayuno-para-valientes/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Feb 2019 03:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[carne asada]]></category>
		<category><![CDATA[fiestas]]></category>
		<category><![CDATA[parrillada]]></category>
		<category><![CDATA[pozo azul]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por segundo año consecutivo, fui testigo del proceso y la verdad es que es un show que no sólo satisface el cuerpo sino también alegra el espíritu, con las risas, ocurrencias y tonteras –algunas imposible de reproducir en este espacio- que, al mejor estilo de la sala BBQ con que se baña la carne, sazona la extenuante y calurosa jornada de cinco horas de trabajo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca he sido de desayunar pesado. A lo más que había llegado es a un trozo de salchichón junto al gallo pinto y el huevo. Pero de eso a comerme un bistec con el jugo de la mañana nunca había sido del agrado mío ni de mi estómago.</p>
<p>Como bien dicen, siempre hay una primera vez. Y a mí me llegó el pasado fin de semana, cuando me enfrenté a un verdadero desayuno para campeones, como diría un amigo. Con motivo de las fiestas populares, celebradas en mi segundo hogar, el pueblo de Pozo Azul de Abangares, participé, como espectador y degustador, del tradicional asado de carne para la recepción de los participantes de uno de los mejores topes de Guanacaste.</p>
<p>Es un ritual tan curioso como imprescindible para garantizar que ningún jinete sucumba por inanición ante el abrasador sol guanacasteco. Nada que unos buenos cortes no puedan resolver. Una típica y sabrosa opción para llenar de energía –y algo más- a los cientos de hambrientos caballistas y sus respectivos acompañantes.</p>
<h2>Así se inicia…</h2>
<p>Lograrlo no es tarea fácil. Todo inicia las semanas previas con los preparativos para la llegada del esperado día. Desde la búsqueda de patrocinios y adquisición de los cerdos hasta la coordinación de la mano de obra y el alistado de las enormes parrillas artesanales hechas a base de varilla, láminas, estañones y alambre, que, en la práctica, no tienen nada que envidiarles a los equipos culinarios más sofisticados.</p>
<p>La mente maestra detrás de esto es mi tío, David Villalobos, quien desde hace ocho años se encarga de mantener a los caballistas bien alentados. Al principio, delegaba la ardua labor, pero en las últimas ediciones, ha preferido asumirla él personalmente para evitar chascos que atenten contra el sabor y calidad del producto final.</p>
<p>Por fortuna tiene el apoyo de su hijo, David, y un comprometido staff de parrilleros –Pepe, Manuel, Kevin y Minor- quienes, con el despuntar del alba, llegan hasta el patio de su casa para iniciar la carnívora faena que, fieles a la costumbre, los convoca el último domingo de enero de cada año. Ante ellos tienen casi 150 kilos de carne de cerdo y 60 de tocino para alimentar hasta 500 fiesteros procedentes de diversas zonas de la provincia y otras más lejanas. Un reto digno de los más avezados especialistas en el arte de la manipulación y cocción cárnica.<a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-1572 alignright" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-300x169.jpg" alt="Parrillada de las fiestas de Pozo Azul de Abangares 2019" width="382" height="215" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-300x169.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-768x432.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-1024x576.jpg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-610x343.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_105301-1080x608.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 382px) 100vw, 382px" /></a></p>
<p>Por segundo año consecutivo, fui testigo del proceso y la verdad es que es un show que no sólo satisface el cuerpo sino también alegra el espíritu, con las risas, ocurrencias y tonteras –algunas imposible de reproducir en este espacio- que, al igual que la sala BBQ de la carne, sazonan la extenuante y calurosa jornada de cuatro horas de trabajo.</p>
<h2>Un rato muy ameno</h2>
<p>En medio de las columnas de humo que se entremezclan con los primeros rayos del sol de una cálida mañana y los irresistibles olores de los primeros filetes, se observan las pilas de leña, las torres de cajas repletas de los más variados y deliciosos cortes, pinzas hechizas para darles vuelta, hieleras para almacenarla y transportarla una vez cocida, entre otras herramientas que forman parte de la improvisada cocina de piso de tierra.</p>
<p>Más allá del profesionalismo y seriedad con que siempre sacan la tarea, llama la atención el ambiente cordial y la buena vibra que se respira en el lugar, haciendo el rato mucho más ameno y agradable. “Esta vez empezamos más temprano para terminar rápido e ir a ver a Jecsinior Jara”, dice Manuel, arrancando las primeras bromas del día.</p>
<p>Otros, en su lugar, se sentirían estresados y presionados ante la responsabilidad de complacer tantos paladares exigentes sin provocar una intoxicación masiva. Ellos no. O al menos lo disimulan muy bien, al calor de los tragos, y por supuesto, la degustación obligada de la carne que están preparando. Ya saben ustedes, mero control de calidad.</p>
<p>Aunque algunos como Minor, el más veterano del grupo, como que se lo toma muy en serio o tiene mucha hambre porque dicen que lo vieron abotagado en más de una ocasión. “¿Usted vino a comer o a trabajar?”, lo increpa su compañero. Suelta una risa y sigue en lo suyo. Ni hablar puede, no se sabe si por exceso de chuletas o de cervezas. Yo diría que por ambas.</p>
<p>“Diay, póngase a bretear o le echo a Christian”, le gritan, en son de broma. “Écheme a ese hijuetal…”, le responde, ya envalentonado y con ojos de perra envenenada, según lo describió Pepe, el más aplicado de los cuatro. “O viejo cabrón, lo vamos a mandar al asilo”, se oye por allá. Gritos, risas y un puro vacilón al mejor estilo guanacasteco.</p>
<h2>Listo el menú «light»</h2>
<p><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1573 alignleft" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-300x169.jpg" alt="Parrilleros de las fiestas de Pozo Azul 2019" width="394" height="222" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-300x169.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-768x432.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-1024x576.jpg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-610x343.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2019/02/20190127_104205-1080x608.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 394px) 100vw, 394px" /></a>Son pasadas las 10 a.m. y ya la tripa empieza a sonar.  Cualquier humano promedio pensaría que es la hora de un aperitivo saludable, a base de frutas, cereales y pan tostado. ¡Qué va! Aquello era la peor pesadilla de un vegetariano. Costilla, pinchos, chuleta, falda, huesitos, y para terminarla de hacer, a falta de café y avena, había birras y sendas botellas de J&amp;B y Cacique. O sea… un menú carga pesada marca diablo, apto solo para estómagos todo terreno, blindados contra la agrura, acidez, retortijones y cargos de conciencia.</p>
<p>Al final, contraviniendo consejos básicos nutricionales, no me quedó más remedio –sacrificado que es uno- que unirme al festín carnívoro.  Imposible jugar de sano entre esos jugosos, dorados y humeantes pedazos de carne asada que despiertan el apetito hasta del más comedido comensal. ¡A la mano de Dios! Lo peor que me puede pasar es que tenga que salir en carrera por una botella de Pepto-Bismol o un par de Alka Seltzer Extremas.</p>
<p>Por suerte no hubo necesidad y una semana después acá estoy, tal vez con unas libritas de más, pero feliz de contar la historia de uno  de los desayunos más “light” y pintorescos que he degustado en mi vida. En definitiva, de lo mejor que he probado. Que lo diga el tropel de caballistas presentes y los pocos privilegiados que tuvimos el honor de comer carnita “pura calidad” recién salida de la parrilla.</p>
<p>¿Se le antoja? Véngase el próximo año a las fiestas de mi bello pueblo, Pozo Azul de Abangares, y lo comprueba. Allí lo recibirán con unos buenos gallos, sin importar la hora que sea. ¡Buen provecho, valiente!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2019/02/sobreviviendo-a-un-desayuno-para-valientes/">Sobreviviendo a un desayuno para valientes</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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