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	<title>año nuevo | Analista Hoy</title>
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	<description>Una mirada a la actualidad desde una óptica personal</description>
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	<title>año nuevo | Analista Hoy</title>
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		<title>Mis caminatas navideñas: Recargando energías de cara al 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Dec 2024 04:27:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La oportunidad perfecta para recargar energías, sometiéndose a un profundo y necesario ejercicio de introspección que nos obliga a conectar con nosotros mismos y nuestro entorno, enfocándonos en el momento presente, en lo que está ocurriendo aquí y ahora, lejos de los errores pasados y las angustias futuras.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/12/mis-caminatas-navidenas-reconectando-con-lo-esencial-de-cara-al-2025/">Mis caminatas navideñas: Recargando energías de cara al 2025</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>De tanto salir a caminar en Guatemala, pude conocer a Santa Claus. Es muy diferente a como me lo imaginaba. Alto, muy alto (de más de dos metros), con menos panza de lo habitual y unos ojos chispeantes azul cielo que yacen tras el aro dorado de unos lentes de abuelito.</p>



<p>Con una mano extendida en el aire y la otra sosteniendo una lámpara antigua, saluda feliz a mi paso por su lujosa residencia, ubicada, no en el Polo Norte, sino a miles de kilómetros de ahí, en una zona un poco menos fría, sin nieve y rodeada de verdes montañas, llamada Fraijanes, a unos 45 minutos de la capital de mi querida segunda patria.</p>



<p>Detrás de Santa, me mira fijamente desde la ventana, cual celoso vigilante, un tierno perro de peluche con cuernos de reno, y, frente a él, en la acerca contraria, un pequeño y sonriente muñeco de nieve, cómodamente asentado en la base de un pinabete, también es testigo de mi acelerado caminar por sus dominios.</p>



<p>Ellos, junto a algunos elfos, venados y Reyes Magos, son parte de los nuevos amigos de temporada que he podido conocer durante mis reparadoras caminatas matutinas (y a veces vespertinas) por los alrededores de nuestro condominio en Guatemala, el cual, por estas fechas, luce altivo sus mejores galas navideñas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-2-1.jpeg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="461" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-2-1-1024x461.jpeg" alt="" class="wp-image-2505" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-2-1-980x441.jpeg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-2-1-480x216.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>Coronas, luces tintineantes, árboles decorados, renos, esferas gigantes e inflables luminosos que durante el día descansan y en la noche cobran vida, son parte del mágico paisaje multicolor que engalana el Residencial Colinas de Castel, nuestro hogar en Guatemala desde hace más de 15 años.</p>



<p>Ubicado en el kilómetro 19.5 de carretera a El Salvador, es una zona exclusiva y tranquila, rodeada de potreros y cafetales, cada vez más venidos a menos a causa del acelerado proceso de gentrificación experimentado en los últimos años. Afortunadamente aún sobreviven sus montañas circundantes, tapizadas de amplios follajes de árboles que alegran y enverdecen un ambiente que combina lo mejor de la vida urbana con el encanto de la naturaleza.</p>



<p>Y para alguien con una profunda conexión con la montaña, surgida a partir de mis constantes viajes de infancia a Guanacaste, el lugar constituye el escenario ideal para, como dicta la tradición decembrina, salir a caminar, respirar aire puro y disfrutar de ese ambiente tan limpio, natural y <em>aesthetic</em> (para usar una palabreja de moda) que caracteriza a nuestro acogedor y campestre hogar chapín.</p>



<p>Esta vez no ha sido la excepción. Solo o acompañado de mis familiares o de mi sobrina perruna, <em>Nala</em>, he estado haciendo con frecuencia mis acostumbrados recorridos a pie por el barrio con el objetivo, no solo de bajar las revoluciones propias de esta ajetreada época decembrina, sino también los kilitos de más que solemos ganar a punta de tamales, pavo, pierna de cerdo, galletitas y cuanto antojo navideño, dulce o salado, se nos atraviese en el camino… o en el menú.</p>



<p>A falta de gimnasio (o la pereza de trasladarse a alguno cercano) no queda más que ingeniárselas para mantenerse activo con el ejercicio, un hábito que mucho me ha costado fortalecer a lo largo del año como para venir a abandonarlo en las postrimerías del calendario.</p>



<p>Y menos si es en un sitio que motiva a calzarse los tenis y disponerse a explorar los senderos, parques infantiles y áreas verdes de un residencial conformado por 150 casas de ladrillo que, a través de ese característico color naranja, transmiten elegancia, sobriedad y exclusividad (más de una me recuerda a la de la película <em>Mi Pobre Angelito</em>).</p>



<p>Como es usual en este tipo de condominios, cuesta ver señales de civilización. Para serles sinceros, de no ser por los oficiales de seguridad haciendo rondas, el personal de mantenimiento y los vehículos estacionados en los garajes, a ratos pareciera una especie de barrio fantasma, con muchas casas desocupadas o cuyos habitantes no se distinguen por sus dotes de sociabilidad. Como diría mi abuela: “Cada uno en su casa y Dios en la de todos.”</p>



<p>Tal vez sea por la época, en la que muchos viajan fuera del país o se quedan en casa compartiendo en familia o viendo películas, lo cierto es que el poco movimiento humano fomenta esa paz y serenidad que invita no solo a refrescarse la vista con las viviendas de coloridos jardines, amplios ventanales, pérgolas amuebladas y demás finos acabados, sino también (y he ahí lo más valioso de todo), revitalizar la triada sagrada del cuerpo, mente y espíritu.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-1-1.jpeg"><img decoding="async" width="1024" height="461" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-1-1-1024x461.jpeg" alt="" class="wp-image-2503" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-1-1-980x441.jpeg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/12/foto-1-1-480x216.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>La oportunidad perfecta para recargar energías, sometiéndose a un profundo y necesario ejercicio de introspección que nos obliga a conectar con nosotros mismos y nuestro entorno, enfocándonos en el momento presente, en lo que está ocurriendo aquí y ahora, lejos de los errores pasados y las angustias futuras.</p>



<p>Los niños que juegan fútbol, las muchachas que sacan el perro a pasear, los jardineros que limpian las zonas verdes, el señor que corre por las alamedas, la mariposa que vuela agitada en busca de una nueva flor para polinizar o el melodioso cántico de las aves migratorias…</p>



<p>Todo eso, junto con mis nuevos amigos navideños, ha sido parte de mis caminatas navideñas por el residencial. ¿Qué me encontraré mañana? Eso está por verse. ¿Qué nos traerá el otro viaje que iniciaremos a partir del 1 de enero? También habrá que averiguarlo. Solo transitando por él, con renovados bríos, fe y esperanza, pero sobre todo mucha atención y conciencia plenas, podremos llegar a descubrirlo y sacarle el máximo provecho.</p>



<p>Que el viaje del nuevo año esté lleno de salud, amor, trabajo, prosperidad y caminatas al aire libre para reconectar con lo esencial y seguir avanzando… ¡Feliz y Venturoso 2025!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/12/mis-caminatas-navidenas-reconectando-con-lo-esencial-de-cara-al-2025/">Mis caminatas navideñas: Recargando energías de cara al 2025</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Nov 2024 21:44:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[feliz navidad]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[navidad 2024]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¡Imposible quedarle bien a todos! Mejor administremos bien nuestras fuerzas y energías, eligiendo sabiamente con quién, dónde y cómo queremos pasar el tiempo.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/11/volvamos-a-lo-esencial-feliz-y-desacelerada-navidad/">Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Entrados en el mes de noviembre, ahora sí ya tienen mi permiso. Después de mi último descargo sobre las celebraciones anticipadas de Navidad, creo que ahora sí es momento oportuno, razonable y prudente para iniciar oficialmente la temporada 2024.</p>



<p>De la forma que usted quiera hacerlo: decorando su casa, comiendo tamales o derrochando por adelantado el aguinaldo. Allá cada quien con sus gustos y gastos. Yo, por mi parte, no lo hago con ninguno de los anteriores (al menos no de momento) y opto por dar por inaugurada la época con la más solitaria y sui géneris de las actividades: escribiendo estas modestas líneas con olor a ciprés, mientras escucho villancicos de fondo y… ¡nada más! Porque ni el sol ni los vientos alisios dan aún señales de vida.</p>



<p>Pero si no las escribo ahorita, es probable que ya no lo haga, en virtud de la seguidilla de compromisos que está a punto de engullirnos inexorablemente. Así que, antes de tener que escribir sobre la cuesta de enero y la campaña electoral del 2026, prefiero adelantarme y honrar mi respectiva reflexión de temporada con suficiente antelación, antes que los tamales, el rompope y “La Navidad sin Ti” afecten las neuronas y lucidez mental que demandan el noble acto de la escritura. Así que mejor agarro al reno por los cuernos y ponemos manos a la obra… y al teclado.</p>



<p>Lo que voy a decir es una verdad de Perogrullo, pero no por eso me deja de sorprender. Navidad es la época que más esperamos a lo largo del año y la que más rápido se nos va. Algo así como las hojas de plátano en el Mercado o las cervezas en la fiesta del trabajo. Un día estamos viendo El Chinamo, entre risas y chinaokes, y en un pestañeo, con rostro adusto, sufriendo la Pasión de Cristo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-scaled.jpg"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-2471" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-980x735.jpg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-walls-io-440716388-19374437-1-480x360.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>Quizás, por eso, mi hermana, previsora que es, no había terminado de quitarse su disfraz de Halloween, cuando al día siguiente, 1 de noviembre, ya estaba desempolvando los tiliches navideños y, a hoy, lo único que le falta son los regalos debajo del árbol para tener el apartamento como portada de la revista <em>Hola</em>. Yo mientras tanto, casual, en pijama y aún con las calabazas en la sala, escribiendo mis pendejadas, como dirían los mexicanos.</p>



<p> Sin duda es un claro ejemplo de lo que todos deberíamos acometer en estas fechas (en noviembre, por supuesto, no en agosto ni en septiembre), porque, para nadie es un secreto que, entre más nos adentramos en la recta final del año, más cuesta sacar el tiempo y paciencia para sentarse como pastor en el portal a desenredar las lucecitas, “chainear” las figuritas, armar el arbolito y colgar las bolitas multicolores.</p>



<p>Si no lo hace con tiempo (para los más extremistas, mínimo los primeros días de diciembre) no se extrañe si se ve el 23 de diciembre a las 3 de la mañana buscando el cascanueces que le regaló la suegra o pegándole un brazo a San José con goma loca.</p>



<p>Digamos que nada de lo anterior sucede y logra sobrevivir con decoro y sin despeinarse a la homérica decorada. En ese caso, bien por usted y le felicito. Pero, ¡suave un toque! Tampoco me arroje las campanas de Belén al vuelo. Aparte de que no queremos más adornos rotos, apenas ha cumplido con una pírrica parte del pletórico non-stop de otros compromisos que supone tan linda y desgastante temporada.</p>



<p>Vienen la tamaleada (si es que los hace y no los compra en el Auto Mercado), la compra de regalos, los preparativos de la cena de Navidad, el amigo Secreto y demás eventos decembrinos. De repente, cuando nos damos cuenta, tenemos a nuestro Google Calendar haciéndole competencia al arbolito, lleno de colores por doquier, procurando el milagro de acoplar una infinidad de actividades en limitados e inelásticos espacios temporales de 24 horas (pucha, ¿por qué la Tierra no tarda más en dar una vuelta sobre su propio eje?).</p>



<p>El otro día que, entre los compas de la mejenga, tratábamos de ponernos de acuerdo cuándo hacer la fiesta, lo único que logramos acordar fue que no había acuerdo y que, por lo tanto, se iba a tomar la salomónica decisión de asignar unilateralmente una fecha, hora y lugar… y el que puede llegar, bien y el que no… ¡salado! En el fútbol, como en la democracia, deben regir las mayorías, de lo contario celebraríamos la Navidad allá por el solsticio de verano del 2050, por la tarde… y así, qué chiste.</p>



<p>Todavía si fuera cierto aquello de que en diciembre todos los días son viernes y ninguno lunes, pero como no deja de ser una frase cajonera para justificar los excesos de la época, tampoco le hagamos mucho caso. Ni somos carajillos de 18 como para dormir solo tres horas y ser personas relativamente funcionales al día siguiente, y tampoco podemos poner en pausa nuestras obligaciones regulares, esperando a que Santa y sus duendes trabajen y estudien por nosotros.   </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-scaled.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-2469" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-980x653.jpg 980w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2024/11/pexels-cottonbro-6127378-480x320.jpg 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></a></figure>



<p>Así las cosas, considerando que el tiempo es restringido y, en este país, las presas se incrementan exponencialmente al nivel de los precios de los ingredientes del tamal, no podemos andar por la vida comprometiéndonos en cuanta cosa nos inviten, como si fuéramos una especie de “Nightcrawler” (el superhéroe de X-Men) con capacidad de teletransportación inmediata.</p>



<p>¡Imposible quedarle bien a todo mundo! Mejor administremos bien nuestras fuerzas y energías, eligiendo sabiamente con quién, dónde y cómo queremos invertir nuestro exiguo saldo de tiempo navideño. Si su plan vacacional es decretarse un autoexilio voluntario en Santa Teresa o Malpaís, bebiendo piña colada y meditando a la luz de la luna, o simplemente quedarse en su casa acostado viendo Netflix, no haga como yo y mejor váyase de vacaciones en cualquier otra época del año, menos en diciembre.</p>



<p>De lo contrario, volverá a la mal llamada vida real como si el trineo de Santa le hubiera pasado por encima y más agobiado que Arnold Schwarzenegger buscando a Turbo-Man en la película “El regalo prometido”. En otras palabras, más cansado de lo que salió y deseando que sea diciembre para, nuevamente, no volver a descansar y así, sucesivamente, en ese frenético ritmo de vida, se va menguando su salud (física y mental), su energía vital y, si me apuran, hasta su ilusión por la Navidad.</p>



<p>Y los tres anteriores son regalos demasiado sagrados y valiosos como para perderlos en medio de un arrebato de agobio y estrés. Disfrutemos las fiestas, no las suframos. En diciembre y durante todo el año, volvamos a lo esencial. ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/11/volvamos-a-lo-esencial-feliz-y-desacelerada-navidad/">Volvamos a lo esencial: ¡Feliz y Desacelerada Navidad!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</title>
		<link>https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Oct 2024 02:00:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuál es el origen de estas navidades cada vez más tempraneras? No sé si es por un auténtico e irrefrenable espíritu festivo que, como la influenza, se disemina por doquier en estos tiempos lluviosos o por una creciente presión mercantilista que obliga a más de uno a hacer su diciembre en agosto.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/">¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A como estamos, ya no vamos a saber si comernos primero la sardina o el tamal. Según el calendario gregoriano, la Semana Santa antecede a la Navidad. Pero a juzgar por acontecimientos recientes, ya no estoy tan seguro.</p>



<p>Si por más de uno fuera se va directo y sin escalas de la procesión del Resucitado a las posadas del barrio. O, peor aún, se saltan con garrocha de diciembre a diciembre, pasándole por encima a todo lo que haya en el interín (al padre, a la madre, al niño, al Espíritu Santo y hasta a los próceres de independencia).</p>



<p>Para muchos, no sería mala idea. Se ahorran varios feriados, con todos los pagos doble y gastos extra que eso implica y, a la postre, aumentarían utilidades (¡bendito capitalismo!). El problema es para el resto de los mortales que, más bien, imploran por duplicar la cantidad de feriados al año.</p>



<p>Sin embargo, pareciera, más bien, que se están acortando. En nuestro afán por desempolvar cuanto antes las luces, las botas y los muñecos de nieve, no ha terminado de resucitar Jesús cuando ya lo queremos mandar de vuelta al pesebre, como si fuera el mismísimo Benjamin Button. ¡Y así, tampoco!</p>



<p>Demos chance a que las banderas tricolores ondeen tranquilas en las fachadas de las casas, sin ningún tipo de intromisión extemporánea proveniente del Polo Norte. Porque, de lo contrario, no sería nada raro que el próximo año, la antorcha de la libertad sea escoltada por Santa Claus en trineo y que Rodolfo El Reno se cuele con su farol de cascanueces entre los escolares que desfilan en la víspera de la conmemoración del grito de independencia.</p>



<p>¿Y a usted qué le importa si la gente quiere empezar a decorar recién regresando de Romería? ¿Si lo hizo Maduro en Venezuela, por qué yo no? me recriminará más de un lector, tildándome de amargado y aguafiestas. Les doy la razón. Cada quien hace con su vida y su casa lo que quiera. Allá ellos si quieren darle posada a los Reyes Magos todo el año.</p>



<p>Pero, el otro día, que vi en el periódico que una reconocida tienda departamental daba por inaugurada la Navidad a mediados de septiembre y otra emisora, en media presa, me quería recetar el “villancico” de <em>Navidad sin Ti</em>, del Buki, después de escuchar la Patriótica, me convencí de que ya el asunto está adquiriendo tintes surrealistas.</p>



<p>Entre resignado y gracioso, me dije: ¡No más! Paren esto que yo aquí me bajo. Ni siquiera han amainado las lluvias del último trimestre y ya nos quieren zampar por la fuerza los vientos alisios con aroma a ciprés. ¡No se vale! Déjenme primero decidir cuál disfraz voy a usar para la fiesta de Halloween y, luego, hablamos de muérdagos, bellotas y rompope.</p>



<p>Y repito, no es que yo sea un amargado o la reencarnación criolla del Grinch (al contrario, amo la Navidad), pero es que, a veces, me parece que vamos viviendo, como diría mi abuela, a trompada de loco. Si ya de por si el tiempo, en su acelerado e inexorable transcurrir, nos lleva casi que arrastras, por qué nos empecinamos en inyectarle “nitro” a la máquina.</p>



<p>Aquello de que el mundo se va a acabar no es más que el pegajoso estribillo de una canción de Molotov de finales de los 90. Si acaso una advertencia para los incrédulos del Y2K, pero nunca una verdad irrefutable o profecía autocumplida. Mucho menos una justificación para deambular por la vida enarbolando la consigna de que cualquier fecha y lugar son buenos para celebrar, como si con los excesos típicos de diciembre no tuviéramos suficiente.</p>



<p>Admito que no es fácil resistirse a la tentación de colgarse desde ahora el gorrito rojo. Es más, confieso que he caído y a mucha honra. Aquí donde me ven quejándome por las Navidades anticipadas, el otro día me puse a ver una de esas películas navideñas categoría CC (cursi y cliché) que abundan en Netflix y ya estoy con ganas de tirarme la segunda, por más predecibles y básicas que sean (la típica historia de la pareja que pasa del odio al amor en menos de lo que se desenvuelve un tamal).</p>



<p>Y para terminarla de hacer, también, recientemente, me percaté, gracias a la capacidad de observación de mi hermana, que unos platos de Santa tienen más de 10 meses de estar adornando la pared de mi cocina… y yo, ¡ni en cuenta! Así o más despistado. Y a estas alturas, ¿para qué quitarlos? Que me acompañen desde ya a recibir con orgullo el 2025. De por sí, ya hace rato que iniciaron los simulacros de fin de año.</p>



<p>¿Cuál es el origen de estas navidades cada vez más tempraneras? No sé si es por un auténtico e irrefrenable espíritu festivo que, como la influenza, se disemina por doquier en estos tiempos lluviosos o por una creciente presión mercantilista que obliga a más de uno a hacer su diciembre en agosto.</p>



<p>¿Será eso o será que los valores navideños se han visto injustamente reemplazados por la fiesta, las comilonas, el guaro y el desenfreno? Puede ser, también, que se nos va tan rápido la temporada que muchos fiesteros desean extenderla a ver si acaso nos alcanza para todas las reuniones y compromisos que afloran durante tan magnánimos días. Si ese es el caso, no los juzgo, los entiendo y me les uno a la causa.</p>



<p>Es más, entre tanta desventura que nos embarga a diario, bien nos cae un merecido respiro, prorrogable a tres o seis meses plazo. Lo que pasa es que, bajo esa premisa, nos va a faltar calendario para anestesiar el efecto pernicioso de tanta mala noticia que contamina el entorno cotidiano.</p>



<p>Pensándolo bien, tal vez lo que necesitamos es no andar buscando tanto por fuera lo que guardamos adentro. Los sentimientos de la época (felicidad, amor, unión, armonía, paz, etc.) habitan en nuestro interior y solo florecen cuando nos sometemos a una automejora continua que nos faculte a asumir dignamente los retos venideros, en cada uno de nuestros roles y facetas.</p>



<p>El espíritu navideño puede mantenerse vigente dentro de nosotros todo el año (es más, así debería ser). No hacen falta luces multicolores en la calle ni empezar la Navidad después del día de los enamorados para encontrar esas emociones asociadas. Es algo que viene determinado, no por la fecha que señale el calendario, sino por las decisiones y pensamientos que decidimos alojar en nuestra mente y corazón.</p>



<p>Cuando así lo entendamos, sea producto de una profunda introspección o un milagro de Navidad, habremos comprendido que una cosa es celebrar la época y otra muy diferente vivirla en su máximo esplendor. Optemos por lo segundo y dimensionemos, finalmente, el verdadero significado de la Navidad, uno que no conoce de fechas, momentos y lugares.</p>



<p>¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo… hoy, mañana y siempre!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2024/10/que-tengan-una-feliz-navidad-hoy-manana-y-todo-el-ano/">¡Que tengan una Feliz Navidad hoy, mañana y todo el año!</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>De la risa infantil a la serenidad mayor en Navidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Dec 2019 22:02:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad 2019]]></category>
		<category><![CDATA[Próspero 2020]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Regreso a mi casa con sentimientos encontrados. Feliz por los niños, triste por los viejitos y satisfecho de que la caminata había cumplido su objetivo: encontrar un tema diferente digno de ser compartido a través de estas líneas que, con aprecio y como muestra de agradecimiento a mis fieles lectores, escribo a suerte de despedida de un año especial en el que este blog cumplió 10 años de existencia y más de 200 artículos publicados.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote style="text-align:right" class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p></p><cite>Imagen tomada de  <a href="https://cuidateplus.marca.com/">https://cuidateplus.marca.com/</a> </cite></blockquote>



<p>Quienes
acostumbramos a escribir, a veces nos cuesta encontrar temas que justifiquen
tan sublime práctica. No creo que sea porque no los haya –en este país siempre
hay de qué hablar- sino porque la mayoría de ellos, por su connotación negativa
o quejosa, no vale la pena abordar en estos tiempos de amor, paz y recogimiento.</p>



<p>Soy
de la opinión que hay momentos para todo y diciembre, con sus vientos alisios,
tardes soleadas y ambientes festivos con olor a ciprés, invitan a todo menos a
despotricar contra el Gobierno, los impuestos, Albino o Saprissa. </p>



<p>Creo
que ya hemos tenido suficiente de malas noticias durante este año
particularmente duro, que, sin duda, nos merecemos un “break” de tanta
desventura a ver si acaso logramos entrar en modo navideño antes de que enero
nos sorprenda con sus pintas, cuestas, cuentas y gastos de entrada a clases.</p>



<p>Por
esa razón, y no tanto por falta de tiempo o inspiración, es que en fin de año
se me complica encontrar algún tópico que me motive a sentarme a teclear un rato,
cuando la mayoría, lejos de estar esperando la publicación de este artículo, se
encuentra en diligencias propias de la época. </p>



<p>Perfectamente podría hablarles de la charla a la que asistí días atrás sobre la situación político-económica actual y las proyecciones para el año venidero. Sin embargo, hay quienes lo harán con más propiedad –y ganas- que yo. Aparte, a estas alturas, con las elecciones municipales a la vuelta, ya muchos estarán agotados de la misma cantaleta. ¿Y quién soy yo para venirles a estropear la Navidad con malos augurios? </p>



<p>No
digo que la economía, el desempleo, la inseguridad, las votaciones sospechosas en
la Asamblea y el fallido aeropuerto a Orotina, no sean temas trascendentales
que ameriten un reposado análisis, sea en Navidad, Semana Santa o en medio del
nuevo feriado del Día de la Abolición del Ejército, pero considero que ya habrá
tiempo para ello después de los tamales. Aunque, sinceramente, sería mejor si habláramos
menos y actuáramos más. ¿Será mucho pedirle al Niño?</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Caminata inspiradora</strong></h3>



<p>En
resumen, y para dejarme de rodeos, la verdad es que me da un poco de pereza
hablar más de lo mismo y de lo que todo mundo habla. Por consiguiente, decidí
tocar un tema que, si bien no es tan novedoso, al menos estaría más a tono con
la época. Convencido de que no lo iba a encontrar metiéndome a Facebook o
viendo periódicos y noticieros, me tomé unos minutos, una mañana reciente, para,
sin celular en mano, dar una vuelta por el barrio, despejar la mente y, de
paso, atraer ideas frescas. </p>



<p>Al
llegar a la iglesia, vi a un montón de niños en el patio, disfrutando de su
fiesta de Navidad. Me detuve a observarlos y me vi reflejado en uno de ellos.
Era un chiquillo correlón, medio travieso que no paraba de jugar bola con un
amigo. Viajé a los tiempos en que mi mamá hacía lo mismo conmigo al regresar
del trabajo. Sonrío. La nostalgia me invade. Quise volver a ser niño… </p>



<p>Regresando
a las cavilaciones adultas, me cuestiono sobre lo fácil que sería la vida si la
viviéramos más como dulces, bondadosos e inocentes infantes. Una niña, que
estalla de emoción al verse ganadora de la partida de boliche, me saca de mis
reflexiones. Los demás chiquitos la acompañan en su alegría y celebran con
ella, sin la envida, la crítica o bajadas de piso típicas de los adultos. </p>



<p>A mi lado, un joven recostado a la malla –quizá el papá de algún pequeñín-, abstraído en el celular, se pierde de ver el rostro iluminado de su hijo, mientras, a la distancia, unas señoras chismean y un hombre encara a otro por saltarse un “Alto”. A sus espaldas, unos niños inquietos ejemplifican el significado real de la vida con cada grito. Amen, compartan, rían, sean felices como nosotros, parecen expresar entre risas, con sus ojos chispeantes.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Soledad y tristeza</strong></h3>



<p>Continúo
mi camino. A escasos metros, descubro que el Jardín de Niños del barrio se pasó
al otro extremo de la línea del tiempo y ahora se dedica a cuidar adultos
mayores. “Hay menos riesgo de que se escapen”, me dijo en son de broma un
conocido. Me topo con un panorama ingratamente distinto. El jolgorio y bullicio
de minutos antes contrastaba con un silencio sepulcral. Unos residentes del
hogar diurno, en actitud contemplativa, dormitaban sentados en el corredor. Al
notar mi presencia y mirada curiosa, uno de ellos alza la mano y me saluda. Le
correspondo sonriente. </p>



<p>Me
dolió verlos así, solos, aburridos, un tanto afligidos y con un dejo de
tristeza en sus rostros. ¡Vaya manera de pasar la Navidad! Mientras otros
disfrutan, ellos se dedican a ver el tiempo pasar, al igual que las personas
drogadictas, en condición de indigencia y otros desfavorecidos sociales. Prometo
volver y departir con ellos un rato, cumpliendo con los actos de buena fe que
demanda la época –y el año entero. Me retiro y una sensación de paz y serenidad
–tan propia de los abuelos- me invade el alma. Dos valores tan escasos como
necesarios en estos tiempos de ajetreo navideño.</p>



<p>Regreso
a mi casa con sentimientos encontrados. Feliz por los niños, triste por los
viejitos y satisfecho de que la caminata había cumplido su objetivo: encontrar
un tema diferente digno de ser compartido a través de estas líneas que, con
aprecio y como muestra de agradecimiento a mis fieles lectores, escribo a
suerte de despedida de un año especial en el que este blog cumplió 10 años de
existencia y más de 200 artículos publicados. </p>



<p>Muchas
gracias a todos por llegar hasta aquí y que en estos días de fiesta nunca
perdamos la alegría y la capacidad de asombro de los niños ni la serenidad y la
sabiduría de nuestros adultos mayores. </p>



<p>Que,
junto a todos ellos, vivamos una Navidad llena de amor, respeto, solidaridad y
compasión para grandes y chicos por igual.</p>



<p>¡Feliz
Navidad y que tengan un Venturoso, Empático e Inclusivo Año Nuevo!</p>



<p>Nos
leemos en el 2020.</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2019/12/de-la-risa-infantil-a-la-serenidad-mayor-en-navidad/">De la risa infantil a la serenidad mayor en Navidad</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Días de amor, paz… y nostalgia</title>
		<link>https://analistahoy.com/2018/12/dias-de-amor-paz-y-nostalgia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Dec 2018 17:49:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[nostalgia]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos de infancia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jornadas completas de sano esparcimiento. De más naturaleza y menos celulares, de más experiencias vividas y no grabadas. De abrazos, sonrisas, sudadas, chollones, embarrialadas, pláticas cara a cara y visitas a los seres queridos, entre muchas otras remembranzas que marcaron una época inolvidable para las generaciones más veteranas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em><strong>Foto cortesía de Rolando Quesada</strong></em></p>
<p>Hay épocas del año que nos ponen nostálgicos. Y la Navidad es la principal de ellas. Por más aires de amor y paz que nos quieran vender, siempre pulula en el ambiente eso que la Real Academia define como “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.”</p>
<p>De lo contrario, Luis Aguilé nunca hubiera entonado “Ven a mi casa esta Navidad” ni Marco Antonio Solís nos recetaría las despechadas estrofas de “Navidad sin Ti”, casi considerada como un villancico más de temporada.</p>
<p>Aunque la definan como un sentimiento de tristeza, no creo que la nostalgia sea del todo mala. Al menos, a mí me hace recordar que estoy vivo y que he vivido. Nada mejor que escudriñar entre las memorias del subconsciente para alegrar el espíritu al calor de bellas canciones, lugares, personas, olores y películas que nos retrotraen a tiempos pasados maravillosos.</p>
<h2>Un Colacho viral</h2>
<p>Traigo a colación esta “acabangada” reflexión a propósito de la publicación que hizo recientemente un querido amigo y colega en Facebook. Resulta que, de compras por el centro de Cartago, fue a visitar al Santa Claus en bicicleta que, desde hace varios lustros, colocan en el ventanal de la tienda deportiva, Pigo Pérez.</p>
<p>Inspirado por los aires decembrinos de esa despejada y soleada tarde, se le ocurrió tomarle una foto y publicarla junto a un corto pero emotivo texto en el que recordaba el valor sentimental del Colacho ciclista para los niños de aquella época, quienes no sólo crecieron al lado del barbudo y atlético personaje, sino también de otras genialidades de fin de año, como las inolvidables Visitas Navideñas, de Carlos Lafuente, en la desaparecida Radio Rumbo.</p>
<p>Ni para qué lo hizo. Aunque el comentario iba dirigido especialmente a los “conocedores cédula 3”, creo que debió ampliarlo a todos cuya edad inicia en ese número, dado que no hubo treintañero –ni cuarentón o cincuentón-  que no se sintiera aludido con su comentario.</p>
<p>A las pocas horas, ya se había vuelto viral. Al momento que escribo estas líneas, suma casi 2 mil reacciones, 263 comentarios y 652 veces compartido. “Me han llegado un montón de solicitudes de amistad de gente que ni conozco”, me contó entre risas, tras analizar el curioso fenómeno que puso de manifiesto el lado positivo de las redes sociales. ¡Ojalá se usaran más seguido para este tipo nobles propósitos!</p>
<p>En mi caso, le confesé que, después de leerlo, no pude resistirme la tentación de rememorar en <em>YouTube</em> las visitas navideñas, con sus cuentos, villancicos, cartas (recibían hasta 18 mil diarias) y la famosa gaveta de las hormigas. Imposible olvidar al “Pescador y el príncipe encantado”, “La casa del bosque”, “Los tres pelos del diablo”, los dientes de Pánfilo, las chillonas ardillitas de Lalo Guerrero, entre otros protagonistas del popular espacio radiofónico.</p>
<h2>Regreso al pasado</h2>
<p>Horas más tarde, mientras transitaba por San José de noche, la carga nostálgica se redobló. Aún resonando en mi mente la voz inconfundible de don Carlos y canciones como “Jingle Bells” y “El Tamborilero”, viajé irremediablemente a mis años de infancia, incitado por las figuras multicolores que alumbran las calles desde lo alto, los árboles azules que flanquean los costados del Parque Central y los escaparates de la tienda mostrando las promociones navideñas.</p>
<p>Conforme avanzaba por una Avenida Segunda impecablemente ataviada para la ocasión, regresé al barrio González Truque, en mi querido Tibás de antaño. Ahí estaba yo, al mejor estilo del Colacho brumoso, montado sobre mi bicicleta roja BMX, disfrutando, junto a mis amigos, de las tardes de “cleteadas” y galletas.</p>
<p>En la noche, después de la mejenga de garaje y los consecuentes pelotazos en la pared blanca, que a mi mamá no le hacían nada de gracia, iríamos a rezar y comer –más lo segundo que lo primero- a las posadas de la casa de mi abuela, en Guadalupe, donde nos dábamos cita toda “la chiquillada” a tomar resbaladera y degustar pan casero.</p>
<p>¡Ah, tiempos aquellos! La ilusión de levantarse los 25 de diciembre a abrir los regalos que “Santa” dejaba al pie del árbol o de la cama y pasar todo el día, añejo y empijamado, estrenando las nuevas adquisiciones; las fiestas de la alegría, las camisetas del uniforme escolar con los autógrafos de los compañeros, las cartas al Niño, las tarjetitas de “felices vacaciones”. En fin, tantos recuerdos y tan poco espacio para describirlos.</p>
<h2>Disfrutar como niños</h2>
<p>Yo no sé si todo tiempo pasado fue mejor –eso es muy relativo. Pero si hacemos un sondeo sobre la veracidad o no de dicho refrán, aplicado al ayer y hoy de la época, no dudo que los nostálgicos ganamos y por goleada. No es porque seamos abuelitos, anticuados o reaccionarios de la modernidad.</p>
<p>Todo obedece a la alta dosis inherente de nostalgia que distingue a la Navidad. <span style="display: inline !important; float: none; background-color: transparent; color: #666666; cursor: text; font-family: 'Open Sans',Arial,sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: 500; letter-spacing: normal; orphans: 2; text-align: left; text-decoration: none; text-indent: 0px; text-transform: none; -webkit-text-stroke-width: 0px; white-space: normal; word-spacing: 0px;">¿No me cree? Deténgase a ver la emoción con que los padres primerizos viven estas fechas.</span> En la mayoría de las veces , nos guste o no, está indivisiblemente ligada a gratas experiencias en las que grandes y chicos disfrutábamos como niños.</p>
<p>Sinónimo de días libres sin madrugadas, paseos familiares, juegos tradicionales, idas al parque. Jornadas completas de sano esparcimiento. De más naturaleza y menos celulares, de más experiencias vividas y no grabadas. De abrazos, sonrisas, sudadas, chollones, embarrialadas, pláticas cara a cara y visitas a los seres queridos, entre muchas otras remembranzas que marcaron una época inolvidable para las generaciones más veteranas.</p>
<p>¿Y usted de qué se acuerda? ¡Feliz y nostálgica Navidad! Y que el 2019 nos traiga la dicha de revivir en nuestros corazones la magia de esos entrañables momentos que no volverán. ¡Que así sea!</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2018/12/dias-de-amor-paz-y-nostalgia/">Días de amor, paz… y nostalgia</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>20 años después… ¿felices fiestas?</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/12/20-anos-despues-felices-fiestas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Dec 2017 02:43:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[felices fiestas]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Qué bueno sería empezar a grabar, no en las historias de Instagram, sino en nuestro corazón la voz amorosa de un ser querido, el sincero “te perdono” o “te quiero” de un pariente olvidado, cuyo significado no se puede resumir en 280 caracteres.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/12/20-anos-despues-felices-fiestas/">20 años después… ¿felices fiestas?</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-1271" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-300x200.jpg" alt="fiestas navideñas en familia" width="300" height="200" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-300x200.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-768x513.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720-610x407.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/christmas-2260605_960_720.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Cada vez me convenzo más que Carlos Gardel tenía razón cuando decía que 20 años no es nada. Precisamente ese es el tiempo que tiene mi familia de vivir en Guatemala, yo de haber ingresado al colegio y Figueres de haber dejado la Presidencia; todos, como habrán notado, muy bonitos recuerdos.</p>
<p>Dos décadas han transcurrido también desde que el historiador Oscar Aguilar Bulgarelli, escribió un artículo para la Cámara Nacional de Radio (CANARA), intitulado Aires de Navidad. Forma parte de una recopilación de comentarios que el autor compiló en su libro Contrapunto, el cual me encuentro leyendo.</p>
<p>El artículo en cuestión se publicó en noviembre de 1997, pero se encuentra más vigente que nunca, como suele suceder con muchos otros de sus escritos de diversas temáticas sobre la realidad costarricense como la política, la educación, la cultura y hasta nuestro desvirtuado “modus vivendi” de Semana Santa.</p>
<p>Pero como nos encontramos inmersos en una época de alegría y lo menos que quisiera es arrebatarle ese sentimiento a los lectores poniéndome a hablar del “cementazo”, corrupción, politiquería y demás yerbas disuasivas del espíritu navideño, eso lo dejaré para una próxima ocasión y, de momento, me limito a preguntarles si lo anterior será mera coincidencia o es que, en realidad, 20 años no solo no es nada, sino que también ha sido tiempo insuficiente para hacer algo.</p>
<p><strong>El tiempo se detuvo</strong></p>
<p>Les dejo la respuesta de tarea. Mientras tanto, volviendo a lo que nos compete, el autor nos dice: “… la rapidez con que pasa el diario vivir, las urgencias con que debemos lidiar permanentemente, el rápido acontecer de la vida cotidiana, o tal vez la esperanza de que algunos cambios nos procuren mejores días, han hecho que mil novecientos noventa y siete sea un año que se nos escapó de las manos, casi sin darnos cuenta.”</p>
<p>Confieso que tuve que releer varias veces la fecha de publicación para cerciorarme que efectivamente había sido escrito en 1997 y no ayer o la semana pasada. Salvo la alusión que hace al portal, al árbol de navidad y los tamales de 1996 –que, dicho sea de paso, tampoco deben ser muy distintos a los de ahora-, todo lo demás parece haber sido calcado al carbón.</p>
<p>Si ya desde hace dos décadas se venía presentando este inquietante fenómeno, no quiero imaginarme lo que ciertos factores más recientes, como el materialismo, el consumismo y la deshumanización, han provocado en la sociedad actual, donde importa más un masivo alcance orgánico en redes sociales que nos infle el ego que una conversación cara a cara que nos reconforte el alma.</p>
<p>Me encuentro de visita en Guatemala y la verdad es que el panorama no dista mucho al que se ve a diario en Costa Rica, sea hoy, o 20 años atrás. Entre compras, fiestas, tragos y juergas, nos olvidamos de lo más importante. Son muchos los llamados que desde diversos medios se hacen para recobrar el verdadero sentido de la Navidad. Tantos que ya suena a lugar común escribir del tema. Sin embargo, consciente de que los avances logrados no han sido igual de comunes, uno mi voz a ese clamor generalizado en pro de una justa y correcta dimensión del significado real de estos días postrimeros del calendario.</p>
<p><strong>Los valores navideños</strong></p>
<p>Cuánto me gustaría que en lugar de recetarnos “chinamos, fiestones, parrandones, procacidades, ombligos y siliconas”, como afirmó don Oscar Aguilar, en otro de sus artículos, publicado en el 2003 -¿o será del 2017?- los medios de comunicación, en conjunto con los hogares y centros educativos, contribuyeran a rescatar del ostracismo esos preciados valores que deberían prevalecer para que estas fiestas sean verdaderamente felices.</p>
<p>Qué bueno sería empezar a grabar, no en las historias de Instagram, sino en nuestra mente y corazón la voz amorosa de un ser querido, el sincero “te perdono” o “te quiero” de un pariente olvidado, cuyo valor no se puede resumir en 280 caracteres; o la satisfacción personal que brinda tender una mano solidaria al más necesitado, aunque mis seguidores en Facebook nunca se enteren ni conviertan en viral mi “desinteresado” gesto altruista.</p>
<p>“No me cabe duda que algún día lamentaremos no haber hecho lo posible por disponer de ese tiempo, y cuando nos demos cuenta ya no podremos disfrutar de los elementos esenciales y trascendentes de la existencia”, agrega el escritor, en Aires de Navidad. ¿Será que ya llegó ese día? Es responsabilidad de todos evitarlo y no esperar a que pasen otros 20 años, cuando ya sea demasiado tarde. O, como diría Gardel, cuando tengamos que vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloramos… una y otra vez.</p>
<p>&nbsp;</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/12/20-anos-despues-felices-fiestas/">20 años después… ¿felices fiestas?</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Lecciones inolvidables de un mes negro</title>
		<link>https://analistahoy.com/2016/12/lecciones-inolvidables-de-un-mes-negro/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2016 16:55:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[lecciones]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[noviembre]]></category>
		<category><![CDATA[superación personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Noviembre de 2016. ¡Qué mesecito, por Dios! Ganó Trump, murieron futbolistas y expresidentes, una tragedia áerea, un huracán, pérdidas, damnificados y, para terminarla de redondear, cerramos con un fuerte sismo en Cartago. ¿Algo más? Dios nos libre. Ya fue suficiente. Como dicen popularmente, nos traían a trompada de loco. No salíamos de una para meternos [&#8230;]</p>
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<p>Noviembre de 2016. ¡Qué mesecito, por Dios! Ganó Trump, murieron futbolistas y expresidentes, una tragedia áerea, un huracán, pérdidas, damnificados y, para terminarla de redondear, cerramos con un fuerte sismo en Cartago.</p>
<p>¿Algo más? Dios nos libre. Ya fue suficiente. Como dicen popularmente, nos traían a trompada de loco. No salíamos de una para meternos en diez. “¡Ya, paren esto que yo aquí me bajo!”, me daban ganas de gritar en medio de la aciaga cadena de infortunios.</p>
<p>Las siete plagas se quedaron cortas entre tanta mala noticia. Y por dicha, noviembre tiene 30 días y no 31. No creo haber soportado 24 horas más en las que cualquier cosa podía pasar. Definitivamente lo mejor que le pudo ocurrir al –literalmente- mes negro es que se acabara. Esperemos que, ya entrados de lleno en diciembre, los aires navideños traigan consigo alentadores motivos para recuperar el entusiasmo y el optimismo.</p>
<p>Tal vez no hay muchas razones para estar alegres frente a tanta calamidad, pero como todo lo que nos pasa es un aprendizaje, sea bueno, malo o feo, sirva la montaña rusa que experimentamos en noviembre para reflexionar sobre algunos temas vitales de cara al fin y principio de año.</p>
<p><strong>Cinco valiosas lecciones</strong></p>
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<li>Primeramente, la fugacidad del tiempo. Dirán que es un concepto algo relativo, pero creo que la mayoría coincidimos en que es lo que más rápido se nos va. Parece que fue ayer cuando estábamos guardando los adornos navideños y ya hoy están desempolvados y colocados de nuevo ¿En qué momento nos robaron no sólo el mes de abril, sino el año completo? En definitiva, el tiempo es lo más preciado que tenemos, un valioso activo intangible que, una vez, perdido ya nunca más lo recobraremos. ¡Hasta los santos lo lloran! Por eso hay que aprovecharlo mientras se tenga y entregarlo sin condiciones a las obras y personas que verdaderamente lo merecen. De lo contrario, el celular, las redes sociales o la fura de la naturaleza se encargarán de robárnoslo sin compasión.</li>
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<li>Segundo, la vida es ahora, no fue ayer ni será mañana. No me cansaré de repetir la sabia frase del coronel Slade –Al Pacino- en la magistral película, Perfume de Mujer. “La vida se vive un momento”. Es lo único que tenemos asegurado, no hay más. No sabemos si segundos después ya será demasiado tarde para emprender un nuevo reto, hacer un ansiado viaje, expresar un sentido te amo o dar un sincero cumplido. Hoy estamos, mañana no sabemos, dice una frase trillada pero muy cierta.</li>
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<li>Tercero, la vida es muy frágil. En un pestañeo, un huracán, un avión siniestrado nos lo puede quitar todo, hasta la vida misma. A la muerte le importa un bledo dinero, fama, clase social, profesión y demás espejismos revestidos de una falsa ilusión de inmortalidad. Falleció un humilde niño, atropellado en La Garita de Alajuela; fallecieron 20 jugadores del Chapecoense de Brasil, en un accidente áereo. Para todos, el destino fue el mismo; para los que lo sobrevivimos, tarde o temprano, también lo será, ya sea que lleguemos en limosina o en carretillo.</li>
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<li>Cuarto, no cuestionemos los designios de Dios. Por más que lo hagamos, nada devolverá a los futbolistas del club brasileño, como tampoco nada devolverá al excapitán saprissista, Gabriel Badilla, quien se nos adelantó mientras hacía lo que tanto le apasionaba: practicar deporte, el mismo que le había regalado tantas alegrías, en la disciplina del fútbol, le arrebataba la vida mientras corría. “La vida es un misterio, no desperdicies tu tiempo tratando de entenderla”, reza una de las frases célebres de la grandiosa película, El Camino de un Guerrero, al hacer alusión a las paradojas, una de las tres grandes reglas de nuestra existencia. Si ya la vio, sabrá cuáles son las otras dos. Si no, véala y descúbralo. ¡No se arrepentirá!</li>
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<li>Quinto, hay gente en Upala y Bagaces que aún nos necesita, ahora más que nunca. Viene la etapa más crítica: la reconstrucción y vuelta a la normalidad. Levantarse de los escombros y empezar de nuevo, ya lejos de las cámaras, las entrevistas y los eventos de recaudación. No podemos dejarlos solos, inmersos en la desolación que los embarga por los familiares muertos, los bienes anegados y la esperanza mancillada.</li>
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<p><strong>Un nuevo año, una nueva oportunidad</strong></p>
<p>En esta Navidad hay muchos que urgen ver reflejados en cada uno de sus semejantes el verdadero sentido de una época que va más allá de un simple regalo, cuyo costo no se compara al valor incalculable de un reconfortante abrazo, un mensaje de consuelo, la ayuda espiritual y material que sana corazones y recupera la fe perdida.</p>
<p>Un nuevo año se asoma, la oportunidad indicada para crecer y disfrutar de un trayecto prometedor hacia la conquista de una vida extraordinaria y ayudar a que otros hagan lo mismo. Lo importante, al final de cuentas, no es el destino sino el viaje. He ahí el secreto para que en el 2017 encuentre la felicidad en todo lo que hace, independientemente de Trump, los huracanes, los temblores o todas las anteriores juntas. Siempre habrá motivos para sonreír y tener unas felices fiestas y un venturoso año nuevo. ¡Siempre!</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>“La muerte no es triste, lo triste es que la mayoría de la gente nunca llega a vivir”. </em></strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>El Camino de un Guerrero.</em></strong></p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2016/12/lecciones-inolvidables-de-un-mes-negro/">Lecciones inolvidables de un mes negro</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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