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	<title>superación personal | Analista Hoy</title>
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	<description>Una mirada a la actualidad desde una óptica personal</description>
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	<title>superación personal | Analista Hoy</title>
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		<title>¿Es la felicidad un negocio? El eterno debate sobre la industria de la autoayuda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Sep 2022 21:36:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[superación personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En mi humilde criterio, sin ser experto en la materia, y más bien apelando a las enseñanzas de verdaderos gurús del desarrollo personal, como Jim Rohn y Tony Robbins, debemos cambiar nosotros primero para que todo lo demás cambie. De lo contrario, nos colocamos en el perjudicial papel de víctima a merced de factores externos que no podemos controlar.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p></p>



<p>Me gusta la gente incómoda. Que cuestiona, contradice, debate, polemiza y no se deja influir por la confortable posición de las mayorías. En estos tiempos de frágiles generaciones de cristal, incurrir en esas conductas contestatarias, lo considero un deporte extremo apto solo para valientes a prueba de críticas, chota u ofensas, o para seres en extremo indiferentes a los que todo lo anterior les importa un carajo.</p>



<p>De ahí que me llamó mucho la atención la opinión controvertida de un doctor en Psicología, investigador y docente español, llamado Edgar Cabanas, coautor de un libro titulado: <em>Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la&nbsp;</em><a href="https://elpais.com/tag/felicidad/a"><em>felicidad</em></a><em>&nbsp;controlan nuestras vidas</em>, un éxito de ventas traducido a más de 10 idiomas, lo cual demuestra que hay otros también que simpatizan con las personas inconformes que reman contracorriente.</p>



<p>En una <a href="https://elpais-com.cdn.ampproject.org/c/s/elpais.com/ccaa/2019/12/18/madrid/1576672559_939343.html?outputType=amp">entrevista en <em>El País</em></a>, publicada en 2019, pero que hasta la semana pasada me enteré de su existencia, el díscolo académico soltó, entre otras joyitas, que “los libros de autoayuda no sirven y nos dicen lo que queremos oír con mensaje simples.”</p>



<p>¡Vaya, vaya! Sin duda, una declaración altamente disruptiva para quienes, desde tiempo inmemoriales, venimos atestiguando la popularidad de este tipo de literatura. Eso, aunado a mi afición a los temas de crecimiento personal y a que incluso tengo entre manos la publicación de un libro al respecto, hizo que, obviamente, las irreverentes opiniones del profesor, de entrada, no fueran completamente de recibo.</p>



<p>¿Quién se cree este tipo para venir a decirme que no puedo ser feliz?, me dije, de inmediato, reaccionando de una forma prosaica e instintiva, típica de los seres humanos cuando algo amenaza nuestro sesgo de confirmación.</p>



<p>Sin embargo, lejos de molestarme, el escozor que me provocaron sus criterios, despertaron mi interés, por atípicas e inusitadas. Nada mejor para el crecimiento que exponernos a declaraciones divergentes que nos hagan expandir nuestro limitado mapa de la realidad –principio estoico.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>¿Tiene razón o no?</strong></p>



<p>Ya más sereno y como parte de mis ejercicios habituales de entrenamiento emocional, me despojé de mis prejuicios para, desde la curiosidad y la empatía, tratar de entender la posición del infeliz doctor que no parecería ser muy afín a su colega Patch Adams y su famosa risoterapia. (Dice que él prefiere que le pregunten si hace bien su trabajo, en lugar de si es feliz.)</p>



<p>Estemos o no de acuerdo, encontrar a alguien que, en estas épocas de coaching, mindfulness y psicología positiva -en las que ser feliz pareciera una obligación-, se atreva a salirse del molde tradicional, me parece interesante y digno de estudio.</p>



<p>Opté, entonces, por profundizar al respecto, viendo en YouTube una <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LWYAUSXbCfI&amp;t=1s">charla TEDx</a> del autor, en la que aborda, con mayor amplitud y propiedad, los argumentos en pro de su tesis antifelicidad, algunos de los cuales procedo a comentar, con el noble objetivo de contribuir al sano debate, alrededor de un tema álgido y sensible.</p>



<p>Empecemos, primero, en lo que coincidimos. Dice que la felicidad es un negocio altamente poderoso, lucrativo e influyente que incluye productos de autoayuda, belleza, libros de divulgación, conferencias, cursos, expertos que dan charlas en empresas&#8230;</p>



<p>Totalmente de acuerdo. Las frases de felicidad y motivación las encontramos en camisetas, tazas, y hasta en los estados de WhatsApp. ¿Es esto malo? En lo absoluto. Si hay alguien al que le hace sentir mejor leer todas las mañanas que es una persona especial y valiosa, mientras toma el café, en buena hora. Cada quien se automotiva a su manera.</p>



<p>Eso sí, yo lo complementaría, como dice un amigo coach, con que la felicidad es un negocio… que ayuda a muchas personas. No hay nada malo que sea un negocio lucrativo y poderoso. Hay muchos otros que también lo son, en igual o mayor medida, y no por eso deben ser censurados. Quienes viven de la felicidad también tienen derecho a comer (con hambre, no podrían ser felices ni enseñar a otros el camino para lograrlo).</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Ojo con los vendehúmos </strong></p>



<p>El problema es que, como en cualquier área profesional, hay gente inescrupulosa y sinvergüenza. Lo vemos a diario en las redes sociales. Nos bombardean con cuánto curso, método o programa se inventan –muchos de dudosa calidad- buscando que todos apliquemos sin cuestionar su infalible receta para alcanzar el éxito, como si este fuera un destino y no un trayecto.</p>



<p>Aunque suene paradójico, en la industria de la felicidad hay mucho infeliz que busca estafar y lucrar a costa de la desdicha ajena, perjudicando no solo a quienes buscan ayudar de manera genuina y desinteresada, sino también afectando la imagen del sector en general. Al final justos terminan pagando por vendehúmos. Si son tan exitosos, ¿por qué tienen tanta necesidad de acosarnos –quiero decir, vendernos- hasta el hartazgo?</p>



<p>Más adelante, agrega Cabanas, “la idea de la felicidad se asocia al éxito, pero puede haber personas fracasadas que sean felices”.</p>



<p>¿Es eso posible? Para emitir un criterio válido, deberíamos empezar por definir qué es el éxito y el fracaso. Ambos, como la felicidad, son concepto relativos y muy personales sobre el cual no hay un consenso. Para algunos, el éxito será tener una familia; para otros, viajar; y habrá quienes lo asocien a tener trabajo o un negocio propio… en fin, cada quien tendrá su propia definición, todas igualmente correctas.</p>



<p>Ahora bien, ¿hay personas fracasadas que sean felices? Yo, la verdad, al fracaso, prefiero llamarle, eufemísticamente, aprendizajes. Además, debemos distinguir entre fracasar y ser un fracasado. ¿Qué es ser un fracasado? Se puede haber pasado por muchos fracasos en la vida, y eso no necesariamente te hace fracasado. Steve Jobs, Bill Gates, Ellon Musk y Mark Zuckerberg fracasaron muchas veces antes de convertirse en hombres de negocios millonarios. ¿Alguien en su sano juicio se atrevería a llamarlos fracasados? Difícilmente. ¿Son felices? Quién sabe.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>La teoría del cambio </strong></p>



<p>Luego, el doctor nos dice, que “cambiarnos a nosotros mismos no es una tarea fácil. Uno no puede cambiar sin que cambien sus circunstancias vitales.”</p>



<p>Coincido parcialmente. Es cierto que cambiar no es nada fácil –solo es posible a través de la desesperación o la inspiración-, pero lo que sí no le compro al susodicho, es eso de que es imposible mientras no cambien las circunstancias. Acá entramos en el eterno debate del huevo y la gallina. ¿Qué debe cambiar primero: las circunstancias o la personas?</p>



<p>En mi humilde criterio, sin ser experto en la materia, y más bien apelando a las enseñanzas de verdaderos gurús del desarrollo personal, como Jim Rohn y Tony Robbins, debemos cambiar nosotros primero para que todo lo demás cambie. De lo contrario, nos colocamos en el perjudicial papel de víctima a merced de factores externos que no podemos controlar.</p>



<p>No omito el hecho de que hay personas en condiciones infrahumanas o afectadas por algún evento fortuito que demandan nuestra colaboración desinteresada –no busco reñir con el sentido universal de solidaridad-, pero también es cierto que, muchos, teniendo todo para ser felices, están a la espera de que se acabe la guerra en Ucrania, baje el combustible, disminuya el costo de la vida… en fin, que se aclaren los nublados del día para tomar acción. Resultado: perfeccionismo, procrastinación y parálisis por análisis, tres enemigos confesos de la felicidad.</p>



<p>Concluye Cabanas afirmando que no debemos caer en lo que él ha denominado como personas happycondriacas (obsesionadas con la felicidad) y que debemos salir de la felicidad para evitar nutrir a la industria.</p>



<p>O sea que, nada de andar buscándola, como Will Smith, en aquella famosa película del 2006 sobre la biografía de Chris Gardner, sino que, más bien, debemos rehuirle.</p>



<p>¿No sería más sensato si en lugar de salir o entrar, aprendemos a definirla y convivir con ella, construyéndola a diario con pequeñas acciones que nos hagan mejores personas, lejos de definiciones limitantes, recetas prefabricadas o desgastantes polémicas que no nos dejan ser felices?</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Progreso es igual a felicidad.</em></p>



<p class="has-text-align-right"><em>Tony Robbins</em></p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2022/09/es-la-felicidad-un-negocio-el-eterno-debate-sobre-la-industria-de-la-autoayuda/">¿Es la felicidad un negocio? El eterno debate sobre la industria de la autoayuda</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El “para qué” de un carro sucio</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/12/el-para-que-de-un-carro-sucio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Dec 2017 16:18:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[lavacar anécdotas reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[superación personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cambié el típico “por qué a mí” por el “para qué” y, de repente, todo cobró sentido. Una pregunta que, ante situaciones difíciles de verdad y no un simple intento fallido de lavar el carro, puede arrojarnos luz sobre esas áreas de nuestra vida que, como mi auto, requieren una limpieza profunda.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><div id="attachment_1263" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1263" class="size-medium wp-image-1263" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-300x225.jpg" alt="Servicio de lavado de vehículos" width="300" height="225" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-300x225.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-768x576.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-1024x768.jpg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-610x458.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-510x382.jpg 510w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar-1080x810.jpg 1080w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/12/lavacar.jpg 2016w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-1263" class="wp-caption-text">Foto con fines ilustrativos. Tomada de escazunews.com</p></div></p>
<p>Todo inició con una rutinaria salida a lavar el carro. Al mismo lugar y hora de siempre. A pesar de la presa que me sorprendió de camino, la cual normalmente no está los domingos –días en los que acostumbro cumplir dicha diligencia-, la “vuelta” parecía que se realizaría dentro de lo esperado y normal, con la excepción de que sería un viernes por la tarde.</p>
<p>No sé si fue que no le gustó el adelanto de dos días o simplemente andaba “quitado” para el agua –el carro, no yo- lo cierto es que pronto me daría cuenta que probablemente no le convenía a ninguno de los dos.</p>
<p>Aproveché el trayecto para prepararlo y que, al llegar no hubiera tiempo que perder y pasara de una vez por su respectiva manita de gato. Yo, por mi parte, ya iba más que listo, con lo de siempre: un libro, mi celular y mis audífonos para hacer más amena y rápida la espera.</p>
<p><strong>Lavado a oscuras </strong></p>
<p>La alegría que, al llegar, me produjo ver el local vacío, se convirtió en desazón, tras comprobar que la escasa afluencia de clientes no se debía a que solo yo había tenido la genialidad de ir a lavar el carro un viernes, sino debido a la mala noticia brindada por el amigo nicaragüense que me recibió: “Compa, estamos sin luz.”</p>
<p>Tratando de jugar de gracioso, casi le respondo, “pero sí hay agua, lávemelo por fa”. Me abstuve. No vaya a ser que, en lugar de ocurrente, quedara como el tonto que no sabe que las hidrolavadoras necesitan de electricidad para funcionar.</p>
<p>En lugar de eso, opté por la frase trillada patentizada por los ticos para ese tipo de infortunios. “Ay, qué tirada”. Le agradecí por nada, di media vuelta y salí en busca de algún otro lavacar cercano donde sí hubiera luz. “Diay si, ya que andamos en esto, aprovechemos”, me dije, tratando de consolarme.</p>
<p><strong>En busca de Plan B</strong></p>
<p>No conocía ningún otro local cercano. Puse Waze y me envió a uno ubicado en Sabana Sur, hacia donde me dirigí esperanzado en que ahí sí hubiera luz. Y efectivamente la había. Vaya, qué buena suerte, pensé. Pues ni tanto, porque resulta que lo que no había era agua… o ganas de trabajar, a juzgar por los malos modos y gestos de desaprobación de sus empleados.</p>
<p>Por un momento pensé que era que había llegado justo a la hora del café o de cierre. Traté de entenderlos. Supongo que no debe ser muy bonito que, después de una larga y cansada semana laboral, llegue un tipo con el carro hecho una nube de polvo a obligarlos a trabajar horas extra… y para peores, cuando no hay agua. Ya decía yo que el negocio no se veía tan moderno como para estar implementando la técnica ecológica de lavado en seco.</p>
<p>“Ay qué tirada”, de nuevo. Comenzaba a parecer disco rayado… y mi carro, muerto de risa. Tratando de desafiarlo y comprobar de que sí es cierto aquello que la tercera es la vencida, volví a buscar otra opción cercana y esta vez me mandó a otro, en la Avenida 10.</p>
<p>¡Vámonos! Nada se pierde. Cuál fue mi sorpresa que, al llegar,  tampoco había luz, ni agua, ni local. Después de estar orillado como cinco minutos viendo para todos los puntos cardinales y revisando que esta vez no fuera el celular o Waze el que me estaba fallando –solo eso me hacía falta- llegué a la conclusión de que en ese sector había de todo menos el bendito lavacar. ¡Qué salado!.</p>
<p><strong>¿La cuarta es la vencida?</strong></p>
<p>O mi carro andaba con frío o su rebeldía contra el agua rendía frutos. Lo cierto es que él, feliz con su suciedad, y yo, resignado ante mi desdicha, nos regresamos a la casa… no sin antes, testarudo que es uno, gastar el último cartucho y demostrar que, en ocasiones, la cuarta también puede ser la vencida… o la comprobación definitiva que cuando no conviene, no conviene.</p>
<p>Me metí, entonces, a un desconocido parqueo que me topé de casualidad y en cuya entrada anunciaba el servicio de lavado. Por fin, lo lograré. Ya ves como no te vas a salvar del agua, mi querido carrito. “Buenas jefe, disculpe, pero acabamos de cerrar”. Tráigalo mañana y con gusto, agregó, enseguida, el propietario, en respuesta a mi gesto de incredulidad.</p>
<p>“Qué mañana ni que ocho cuartos. Ahora se queda sin lavar hasta el 2018”, pensé a modo de regaño y castigo. Hasta el pobre carro salió rascando. Debatiéndome entre el enojo y la risa, por el duelo que iba perdiendo cuatro a cero, salí “soplado” y “ahuevado” del lugar, implorando porque no hubiera un quinto malo.</p>
<p><strong>Todo pasa por algo</strong></p>
<p>“No le convenía, don Ricardo. A lo mejor le están evitando un disgusto mayor por un rayón o un mal trabajo”, me comentó el administrador del condominio donde vivo, tras relatarle la curiosa anécdota y darme dos o tres referencias de buenos lavacars que probablemente me brindarán un mejor servicio que en los cuatro locales anteriores juntos.</p>
<p>Cambié el típico “por qué a mí” por el “para qué” y, de repente, todo cobró sentido. Una pregunta que, ante situaciones difíciles de verdad y no un simple intento fallido de lavar el carro, puede arrojarnos luz sobre esas áreas de nuestra vida que, como mi auto, requieren una limpieza profunda.</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/12/el-para-que-de-un-carro-sucio/">El “para qué” de un carro sucio</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Lecciones inolvidables de un mes negro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2016 16:55:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[año nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[lecciones]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>
		<category><![CDATA[noviembre]]></category>
		<category><![CDATA[superación personal]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720.jpg" rel="attachment wp-att-1014"><img decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-1014" src="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-300x154.jpg" alt="norway-772991_960_720" width="300" height="154" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-300x154.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720-768x394.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2016/12/norway-772991_960_720.jpg 960w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Noviembre de 2016. ¡Qué mesecito, por Dios! Ganó Trump, murieron futbolistas y expresidentes, una tragedia áerea, un huracán, pérdidas, damnificados y, para terminarla de redondear, cerramos con un fuerte sismo en Cartago.</p>
<p>¿Algo más? Dios nos libre. Ya fue suficiente. Como dicen popularmente, nos traían a trompada de loco. No salíamos de una para meternos en diez. “¡Ya, paren esto que yo aquí me bajo!”, me daban ganas de gritar en medio de la aciaga cadena de infortunios.</p>
<p>Las siete plagas se quedaron cortas entre tanta mala noticia. Y por dicha, noviembre tiene 30 días y no 31. No creo haber soportado 24 horas más en las que cualquier cosa podía pasar. Definitivamente lo mejor que le pudo ocurrir al –literalmente- mes negro es que se acabara. Esperemos que, ya entrados de lleno en diciembre, los aires navideños traigan consigo alentadores motivos para recuperar el entusiasmo y el optimismo.</p>
<p>Tal vez no hay muchas razones para estar alegres frente a tanta calamidad, pero como todo lo que nos pasa es un aprendizaje, sea bueno, malo o feo, sirva la montaña rusa que experimentamos en noviembre para reflexionar sobre algunos temas vitales de cara al fin y principio de año.</p>
<p><strong>Cinco valiosas lecciones</strong></p>
<ul>
<li>Primeramente, la fugacidad del tiempo. Dirán que es un concepto algo relativo, pero creo que la mayoría coincidimos en que es lo que más rápido se nos va. Parece que fue ayer cuando estábamos guardando los adornos navideños y ya hoy están desempolvados y colocados de nuevo ¿En qué momento nos robaron no sólo el mes de abril, sino el año completo? En definitiva, el tiempo es lo más preciado que tenemos, un valioso activo intangible que, una vez, perdido ya nunca más lo recobraremos. ¡Hasta los santos lo lloran! Por eso hay que aprovecharlo mientras se tenga y entregarlo sin condiciones a las obras y personas que verdaderamente lo merecen. De lo contrario, el celular, las redes sociales o la fura de la naturaleza se encargarán de robárnoslo sin compasión.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Segundo, la vida es ahora, no fue ayer ni será mañana. No me cansaré de repetir la sabia frase del coronel Slade –Al Pacino- en la magistral película, Perfume de Mujer. “La vida se vive un momento”. Es lo único que tenemos asegurado, no hay más. No sabemos si segundos después ya será demasiado tarde para emprender un nuevo reto, hacer un ansiado viaje, expresar un sentido te amo o dar un sincero cumplido. Hoy estamos, mañana no sabemos, dice una frase trillada pero muy cierta.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Tercero, la vida es muy frágil. En un pestañeo, un huracán, un avión siniestrado nos lo puede quitar todo, hasta la vida misma. A la muerte le importa un bledo dinero, fama, clase social, profesión y demás espejismos revestidos de una falsa ilusión de inmortalidad. Falleció un humilde niño, atropellado en La Garita de Alajuela; fallecieron 20 jugadores del Chapecoense de Brasil, en un accidente áereo. Para todos, el destino fue el mismo; para los que lo sobrevivimos, tarde o temprano, también lo será, ya sea que lleguemos en limosina o en carretillo.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Cuarto, no cuestionemos los designios de Dios. Por más que lo hagamos, nada devolverá a los futbolistas del club brasileño, como tampoco nada devolverá al excapitán saprissista, Gabriel Badilla, quien se nos adelantó mientras hacía lo que tanto le apasionaba: practicar deporte, el mismo que le había regalado tantas alegrías, en la disciplina del fútbol, le arrebataba la vida mientras corría. “La vida es un misterio, no desperdicies tu tiempo tratando de entenderla”, reza una de las frases célebres de la grandiosa película, El Camino de un Guerrero, al hacer alusión a las paradojas, una de las tres grandes reglas de nuestra existencia. Si ya la vio, sabrá cuáles son las otras dos. Si no, véala y descúbralo. ¡No se arrepentirá!</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Quinto, hay gente en Upala y Bagaces que aún nos necesita, ahora más que nunca. Viene la etapa más crítica: la reconstrucción y vuelta a la normalidad. Levantarse de los escombros y empezar de nuevo, ya lejos de las cámaras, las entrevistas y los eventos de recaudación. No podemos dejarlos solos, inmersos en la desolación que los embarga por los familiares muertos, los bienes anegados y la esperanza mancillada.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un nuevo año, una nueva oportunidad</strong></p>
<p>En esta Navidad hay muchos que urgen ver reflejados en cada uno de sus semejantes el verdadero sentido de una época que va más allá de un simple regalo, cuyo costo no se compara al valor incalculable de un reconfortante abrazo, un mensaje de consuelo, la ayuda espiritual y material que sana corazones y recupera la fe perdida.</p>
<p>Un nuevo año se asoma, la oportunidad indicada para crecer y disfrutar de un trayecto prometedor hacia la conquista de una vida extraordinaria y ayudar a que otros hagan lo mismo. Lo importante, al final de cuentas, no es el destino sino el viaje. He ahí el secreto para que en el 2017 encuentre la felicidad en todo lo que hace, independientemente de Trump, los huracanes, los temblores o todas las anteriores juntas. Siempre habrá motivos para sonreír y tener unas felices fiestas y un venturoso año nuevo. ¡Siempre!</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>“La muerte no es triste, lo triste es que la mayoría de la gente nunca llega a vivir”. </em></strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>El Camino de un Guerrero.</em></strong></p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2016/12/lecciones-inolvidables-de-un-mes-negro/">Lecciones inolvidables de un mes negro</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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