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	<title>bajo su propio riesgo | Analista Hoy</title>
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	<description>Una mirada a la actualidad desde una óptica personal</description>
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	<title>bajo su propio riesgo | Analista Hoy</title>
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		<title>Mi propósito de no vender libros en el hospital</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Mar 2018 13:48:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[bajo su propio riesgo]]></category>
		<category><![CDATA[escritores independientes]]></category>
		<category><![CDATA[feria artesanal]]></category>
		<category><![CDATA[venta de libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nunca se lo vendí; él me lo compró. No conocía su historia ni la procesión interna de mucho otros que asistieron, pero lo que sí sabía era que quería dejarles algo más que un simple libro.</p>
<p>The post <a href="https://analistahoy.com/2018/03/mi-proposito-de-no-vender-libros-en-el-hospital/">Mi propósito de no vender libros en el hospital</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Estuve toda la semana en el Hospital México. Agradezco a todos los que me fueron a visitar, me expresaron sus buenos deseos… y compraron mi libro.</p>
<p>Estoy bien. No se asusten. No estuve internado, ni en cita de control, ni en Emergencias. Si acaso, lo más que conocí en detalle fue el baño, pero ni si quiera la urgencia de llegar lo antes posible, esquivando pacientes extraviados, carajillos correlones o camillas en medio pasillo, me privó de la oportunidad de reflexionar más allá del motivo que nos convocaba: la Feria Artesanal del Hospital México.</p>
<p>Rodeado de decenas de hombres y mujeres artistas, cada uno con su especialidad, todos honrados de carta cabal, pude entender el trasfondo de aquella famosa máxima que dice que nunca debemos juzgar a nuestros semejantes, pues no sabemos la procesión, la historia o – en este caso- la dolencia que les aqueja.</p>
<p>En mis visitas al servicio sanitario que, como en El Chavo del Ocho, se ubicaba al fondo a la derecha, pude entender por qué hay momentos en los que a muchos les importa más la lucha por su vida que adquirir un libro, una pulsera, una blusa o un caballito de juguete que da vueltas sin marearse.</p>
<p>Esos breves recorridos, frecuentes o esporádicos, dependiendo de la cantidad de agua ingerida para alivianar el calor, me enseñaron mucho más que los cinco días completos en los que participé de la feria, organizada por el hospital, al que, en nombre de los colegas y demás artistas participantes, agradezco por no seguir el ejemplo de otros que dan la espalda al arte y la cultura nacionales para favorecer mezquinos intereses particulares.</p>
<p><strong>La fragilidad de la vida</strong></p>
<p>Volviendo al tema que nos compete, les confieso que tenía bastante tiempo de no visitar un hospital. La verdad, muchos coincidirán conmigo en que, de no ser estrictamente necesario, es mejor andarles de larguito, por aquello de los virus o las escenas no tan agradables que se observan.</p>
<p>Sin embargo, mi visita al México me sirvió para algo mucho más importante que vender libros: poner las cosas en perspectiva y reflexionar sobre la fragilidad de la vida. Les diría que hagan la prueba, pero recomendarles ir más seguido a hospitales suena muy feo –no quiero que me acusen de andar deseando el mal al prójimo-.</p>
<p>A sabiendas de que hay lugares más bonitos para visitar, sí me gustaría que, cuando las circunstancias los obliguen a estar en uno, hagan las de aquel famoso personaje de la caricatura de los <em>Thundercats</em> y vean más allá de lo evidente.</p>
<p>Yo acostumbro a hacerlo en todos los lugares de concurrencia masiva a los que asisto: conciertos, aeropuertos, estadios, etc. Soy un observador por excelencia. Me cautiva entender los entresijos del comportamiento humano. Fijarme en aquello que trasciende lo meramente estético o superficial. En este caso, darme cuenta de lo que sucede en un hospital, o al menos en el oscuro y lúgubre pasillo de acceso al baño.</p>
<p><strong>Crisol de emociones</strong></p>
<p>Vi a personas con rostros cansados y afligidos. Probablemente entre la madrugada para llegar y la congoja de perder la cita, ya se les estaba agotando la paciencia franciscana de la que intentaban hacer alarde, mientras traveseaban el celular, se quejaban con el vecino o dormían un rato, a la espera de escuchar su nombre, la mejor y más reconfortante melodía que oídos humanos puedan escuchar en esas circunstancias.</p>
<p>Me topo con largas filas de sillas; ni una sola disponible, todas ocupadas por niños, jóvenes y adultos mayores. Caras largas, temerosas, ansiosas, adoloridas; miradas perdidas que reflejan el más diverso crisol de emociones encontradas. Sigo caminando y veo a una señora mayor, débil y menuda, quien, acostada sobre una camilla a la orilla del pasillo, escuchaba atenta las palabras que un hombre le susurraba al oído, con ternura. Me acuerdo de mis abuelos; me conmuevo.</p>
<p>Regreso al stand de la feria. No me siento el mismo. Me costó concentrarme. Perdí algunos clientes por no encontrar las palabras indicadas para vender. ¿Quién soy yo para ofrecer un libro a alguien que le programaron la cita para el 2045 por la tarde, que acababa de escuchar un mal diagnóstico o que apenas reunía los pases para el viaje de regreso? ¿Y si, más bien, encuentran en mis líneas algún mensaje de optimismo reconfortante? Oro por todos ellos y agradezco por estar bien de salud.</p>
<p><strong>Prioridades cambian</strong></p>
<p>Dejo las cavilaciones y vuelvo a la carga. A medias. Las prioridades habían cambiado. Ya no me interesaba tanto vender, sino socializar, empatizar, regalar sonrisas, demostrar afecto a desconocidos. En fin, apoyar a quienes más lo necesitaban. Que supieran que no estaban tratando con un vendedor, ni con un escritor, sino con un ser humano dispuesto a valorarlos y escucharlos con sensibilidad, en medio de las muchas adversidades y fragilidades que nos unen.</p>
<p>Si no podía solucionarles su problema, al menos quería darles los ánimos para hacerlo ellos mismos, ya sea con la palabra impresa de mi obra o con la palabra fugaz de en encuentro casual. Era el mejor remedio que podía recetarles. Uno de ellos, don Carlos, un prominente abogado de Puntarenas, volvió al día siguiente a saludarme y contarme que ya había empezado mi libro. Nunca se lo vendí; él me lo compró. No conocía su historia ni la procesión interna de muchos otros asegurados que asistieron, pero lo que sí sabía era que quería dejarles no solo un simple recuerdo material.</p>
<p>Cuando, finalmente, entendí mi propósito, empecé a vender más…</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2018/03/mi-proposito-de-no-vender-libros-en-el-hospital/">Mi propósito de no vender libros en el hospital</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>No es lo mismo verlo venir, que venderle un libro</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/10/no-es-lo-mismo-verlo-venir-que-venderle-un-libro/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Oct 2017 06:36:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[bajo su propio riesgo]]></category>
		<category><![CDATA[feria del libro]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Guillermo Solís]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En definitiva, en la Aduana pasa y se ve de todo. Chistes, anécdotas, frustraciones, lecciones, buenos y malos días… en fin, todos los condimentos necesarios para hacer de la feria un evento bonito, bien organizado, entretenido...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1235" style="width: 235px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1235" class="size-medium wp-image-1235" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905-225x300.jpg 225w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905-768x1024.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905-610x813.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/10/20170827_115905-1080x1440.jpg 1080w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><p id="caption-attachment-1235" class="wp-caption-text">El Presidente estuvo en la feria y no quiso quedarse sin su ejemplar.</p></div>
<p>El que se convertiría en uno de mis clientes de lujo lo advirtió hace tres años. No es lo mismo verla venir que bailar con ella, dijo, en esa ocasión. Anticipaba, así, las dificultades a las que se enfrentaba para cumplir con las promesas de cambio que nos tenían a todos los costarricenses como hormiga en confite.</p>
<p>Yo, en la teoría, sabía a lo que se refería, pero en la práctica no lo tenía muy claro hasta que pude ponerme en sus zapatos. No es que me dieran de ¿regalo? del Día del Niño la posibilidad de ser Presidente por unas horas, pero puedo asegurar que sentí algo muy similar hace algunas semanas tras finalizar mi participación en la Feria Internacional del Libro.</p>
<p>“Es otra cosa”, “ahí sí se vende”, “si estás empezando, tenes que estar”, fueron algunas de las frases que escuché de los más experimentados. Sin embargo, ya estando ahí, en la meca de la literatura nacional, uno se da cuenta que el asunto no es jugando, sobre todo para quienes apenas nos iniciamos en esas lides.</p>
<p><strong>De comprador a vendedor</strong></p>
<p>En primer lugar, no es lo mismo ir en el papel de comprador, como yo acostumbraba desde hace años, que portar el sombrero y gafete de expositor o vendedor, por primera vez. Cambiar de bando me significó no solo evitar o restringir el viacrucis literario de un día por toda la Aduana, en busca de nuevas adquisiciones, sino también, ubicado todo el tiempo detrás de un único stand, concentrarme en la búsqueda de clientes para una sola obra, la propia.</p>
<p>Lograrlo no es tarea fácil. Es muy buena la calidad de los libros, como para resistirse a darse un pequeño tour, aunque sea a la hora de almuerzo, y tan vasta la oferta que, destacar en medio de ese océano de tinta en el que bregan cientos de escritores, es una labor titánica y desafiante, solamente comparable con las epopeyas griegas y cuentos de héroes que ofrecían algunas casas editoriales.</p>
<p>Aun así, hicimos la fuercita. Todos los autores participantes nos valíamos de las más variadas y personalizadas técnicas comerciales para conseguir el cometido. Desde no dejar al cliente llegar, respirar ni hablar, pasando por lo que un colega llama “charlas cortas magistrales de venta”, hasta parecer medio acosador junto a una atractiva cliente a quien, después de media hora, aquello, más que una venta, se asemejaba a una echada de cuento –y no me refiero al cuento del libro que le ofrecían.</p>
<p>Algunos, los pasivos, permanecían sentados esperando vender por obra y gracia de un milagro o de su linda cara; los otros, los aventados, solo les faltaba poner a los clientes a leer el libro completo ahí mismo, y la mayoría, los más comedidos, que tenemos un poco de las dos categorías anteriores, abordamos al cliente si acaso en el pasillo para invitarlo a conversar y conocer la obra de boca del autor. Hay un compañero al que le funciona tan bien esta técnica que, a media feria, ya se le habían agotado los libros. ¡Dichoso! ¿Cómo hará?</p>
<p><strong>No todo es dinero</strong></p>
<p>En todo caso y aunque no me crean, no se trata solo de vender. Sino de, por lo menos, llevarnos una buena dosis de lo que yo llamo activos intangibles no comprables con dinero. Un rato de amena tertulia, un cumplido, un futuro cliente o un buen contacto. Todo eso se vale. Otros lo que hacen, más bien, es aliviarnos el cansancio y el dolor de pies, a través de la sonrisa que nos dibuja el escuchar la suerte de rodeos y excusas a la que recurren para no decir «no gracias». Excepto ese sincero adolescente que, después de leer unas cuantas líneas de mi libro, le dijo al papá que no le gustaba. Totalmente válido y respetable. No me lo tomo personal.</p>
<p>Es mejor eso y se aprecia más que la salida fácil del comprador, o más bien el mirón mareado, que dice estar solo dando vueltas. Que vaya a un carrusel del Parque de Diversiones, comentó, en son de broma, un amigo poeta. También aparecen los que, para evitar el compromiso y sembrar una falsa esperanza, salen con la trillada frase “salvatandas”: “vengo llegando, voy a seguir viendo y cualquier cosa ahora regreso” Que levante la mano el que no lo haya dicho alguna vez. Ni los mismos escritores nos salvamos. Pero la joyita del año se la llevó una señora que le dijo a un compañero con más de 100 títulos en su haber, que no le compraba porque ya los tenía todos. “Ni siquiera yo los tengo”, reconoció el colega, segundos después de despachar a la ocurrente o voraz lectora, vaya usted a saber.</p>
<p>En definitiva, en la Aduana pasa y se ve de todo. Chistes, anécdotas, frustraciones, lecciones, buenos y malos días… en fin, todos los condimentos necesarios para hacer de la feria un evento bonito, bien organizado, entretenido, apto para toda la familia y pletórico en grandes aprendizajes y divertidos entretelones que ya muchos conocen gracias a las infidencias aquí reveladas, con el perdón de mis amigos y colegas.</p>
<p><strong>Un tal Luis Guillermo…</strong></p>
<p>Cierro con una más que no puedo omitir. El primer domingo de la feria, día de poca asistencia por culpa de la lluvia y el clásico del fútbol nacional, uno de los dos o tres libros que pude vender fue a, nada más y nada menos, que al propio presidente de la República, Luis Guillermo Solís, quien llegó a visitar, en la Casa del Cuño, el stand del Foro Literario Costarricense, grupo de escritores independientes al que pertenezco.</p>
<p>Tras un saludo, una foto y un breve intercambio de palabras, me compró una copia autografiada de mi libro, Bajo su propio riesgo, donde podrá leer varios artículos de política, incluido uno donde él es protagonista, pero, de los nervios y la emoción, no pude ubicar en el momento para mostrárselo. Es que, apropiándome y adaptando la famosa frase de mi cliente, no es lo mismo verlo venir, que venderle un libro. Gracias al Presidente y a todos los que aceptaron correr el riesgo. Hasta el próximo año.</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/10/no-es-lo-mismo-verlo-venir-que-venderle-un-libro/">No es lo mismo verlo venir, que venderle un libro</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Escritor o vendedor?</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/03/escritor-o-vendedor/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Mar 2017 00:39:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[bajo su propio riesgo]]></category>
		<category><![CDATA[escritor]]></category>
		<category><![CDATA[festival cultural]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Independientemente de que seamos aficionados o profesionales de las letras, si hay algo de lo que sí no podemos renegar, es que todos, en el momento que publicamos un libro, nos convertimos en vendedores. Nos guste o no, lo somos. En mayor o menor medida, buenos o malos…”</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1105" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1105" class="size-medium wp-image-1105" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n-300x225.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n-768x576.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n-610x458.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n-510x382.jpg 510w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/03/17361524_1635011916526529_922846168578356866_n.jpg 960w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-1105" class="wp-caption-text">Corredor Literario del Festival Transitarte 2017.</p></div>
<p>Hay escritores que reniegan de su condición. Ya sea por una genuina o falsa modestia, algunos no se consideran dignos de autoproclamarse colegas de García Márquez. “Yo no soy escritor, soy una persona a la que le gusta escribir”, me decía un reconocido autor nacional. Bueno, muy respetable su posición y la verdad es que cada quien tendrá sus razones personales para preferir llamarse escribidor, ensayista, redactor, cuentista, o bien, escritor, con toda la admiración y respeto que el título conlleva.</p>
<p>Independientemente de que seamos aficionados o profesionales de las letras, si hay un oficio del que no podemos renegar, es que todos, en el momento de publicar un libro, nos convertimos en vendedores. Nos guste o no, lo somos. En mayor o menor medida, buenos o malos, aprendices o expertos. Es quizás algo en lo que pocos pensamos hasta que vemos impresa nuestra obra y nos damos cuenta que, muy bonita y todo, pero ahí apilada en una caja o exhibida a la par de un montón más en una librería, no hará nada sino salimos a la calle, al trabajo, a las fiestas y donde sea a promocionarla. Si se cuenta detrás con el respaldo comercial de una editorial, pues la carga se aliviana, pero si, como en mi caso, toca hacer el tiro de esquina e ir a cabecear, entonces la situación se complica.</p>
<p>Y no solo me pasó a mí, sino a más de 20 escritores que nos fuimos a participar del festival de verano Transitarte 2017, un magnífico y concurrido evento cultural del que hablaré más en detalle en un próximo artículo. En nuestra condición de escritores independientes, no nos queda más que ir por el mundo con nuestra obra bajo el brazo. Por más que nos conformemos con el sueño cumplido de haberla publicado y sin pretender volvernos millonarios a punta de libros, debemos participar en ferias, eventos, talleres y cuanta cosa haya para que sepan de nuestra existencia, sobre todo quienes estamos empezando en estas apasionantes lides literarias.</p>
<p>Así que lleno de ilusión, y de temores también, me fui a participar del festival, más dispuesto a disfrutar y aprender que a hacerle números a las ventas que podía lograr. Si algo he aprendido es que andar por la vida con expectativas, no te permite disfrutar del momento. Mientras me guste lo que hago, el dinero vendrá por añadidura, pensaba, tratando de calmar la ansiedad. La ventaja es que no estaba solo, pues hablando con un amigo y colega, me percaté que no soy el único que no se lleva con las ventas o ellas conmigo, en una complicada pero necesaria relación de mutua aversión. “Me cuesta mucho vender”, me decía. “Bueno, ya tendremos nuestro estiramiento del fin de semana” le comenté entre risas, totalmente identificado con su preocupación. “Cada venta es una conferencia magistral”, me explicó otro, con más “espuela”.</p>
<p>Ya metido de lleno en la tarea, sin derecho a quejas ni dar marcha atrás, debo admitir que efectivamente la tarea no es difícil… es bien complicada. Por más buen escritor que se sea, si no se logra persuadir al público de la calidad del libro, muy probablemente no lo compren y el problema es que, soy del criterio, que la persona menos indicada para ofrecerlo es el propio autor debido a su natural parcialidad para referirse a su “criatura”. ¿Cuál padre hablará mal de su hijo? Aunque reconozco que hay excepciones y, como pude ver en el festival, nunca falta la persona sorprendida por la juventud del escritor o la niña que no sale del asombro al tener frente a sus propios ojos a la creadora de sus historias preferidas.</p>
<p>En todo caso, creo que la mejor publicidad para un escritor es un lector satisfecho. Sin embargo, para lograr uno, diez o mil de ellos, hay que empezar con lo esencial: vender, con todas los éxitos y fracasos que esta respetable labor implica y para la cual ningún escritor está preparado. Desde lo más normal y frecuente, como un “no gracias”, hasta que te ignoren o que te salgan con el comentario inoportuno de “por qué no escribe sobre otra cosa.”</p>
<p>En fin, reacciones hay tan variadas como gustos y tipos de lectores. Es entonces, cuando se cae en cuenta de las grandes mentiras o excusas “salvatandas” en que hasta uno mismo incurre para salir del paso frente al asedio de vendedores insistentes: “Me gusta, pero ahorita no ando plata”, “ya vengo”, “tenés algún contacto para llamarte después” o, mi favorita, “voy a seguir viendo, cualquier cosa paso después.” Que levante la mano quien no la haya dicho. Bueno, estimados colegas, ya sabemos lo que se siente.</p>
<p>Pero, definitivamente, nada se compara con el sentimiento, radicalmente opuesto, que aflora al recibir un cumplido o concretar una venta. Y al final del evento, salí contento, porque a pesar de ser la primera vez en tan magno evento no me fue nada mal en copias vendidas y experimenté, en carne propia, una máxima del mundo literario que desconocía: escritor que no vende, puede ser cualquier cosa, menos escritor.</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/03/escritor-o-vendedor/">¿Escritor o vendedor?</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Lectura bajo su propio riesgo</title>
		<link>https://analistahoy.com/2017/01/lectura-bajo-su-propio-riesgo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[jose carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Jan 2017 22:25:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[bajo su propio riesgo]]></category>
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		<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[publicación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Corrió el riesgo y logró su objetivo. Con mucha satisfacción, el periodista y escritor, José Ricardo Carballo Villalobos, se complace en presentar oficialmente su primer libro, Bajo su propio riesgo. Tras más de un año de esfuerzo y dedicación, Carballo saca a la luz esta obra de actualidad que contiene una selección de los mejores [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1077" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1077" class="wp-image-1077 size-medium" src="http://www.analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-300x169.jpg" width="300" height="169" srcset="https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-300x169.jpg 300w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-768x432.jpg 768w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-1024x576.jpg 1024w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-610x343.jpg 610w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros-1080x608.jpg 1080w, https://analistahoy.com/wp-content/uploads/2017/01/libros.jpg 1280w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-1077" class="wp-caption-text">El libro ya se encuentra a la venta, a un precio de 23 dólares</p></div>
<p>Corrió el riesgo y logró su objetivo. Con mucha satisfacción, el periodista y escritor, José Ricardo Carballo Villalobos, se complace en presentar oficialmente su primer libro, Bajo su propio riesgo.</p>
<p>Tras más de un año de esfuerzo y dedicación, Carballo saca a la luz esta obra de actualidad que contiene una selección de los mejores artículos publicados en la prensa nacional y en su blog personal (analistahoy.com), entre el 2007 y el 2014.</p>
<p>Deportes, política, educación, cultura, viajes y personajes son algunos de los principales temas que encontrará en este compendio de 131 artículos variados y entretenidos. Todos, con la justa dosis de humor, reflexión, análisis, polémica, irreverencia y demás sazones literarios para hacerle más ameno el viaje.</p>
<p>Podrá saltar de aventuras de supermercados a huelgas de sindicatos o de bellos destinos turísticos a recodar la hazaña de la Sele en Brasil. ¿Qué tiene en común nuestro presidente con un astro del fútbol nacional o, quizás, nuestra vilipendiada farándula con nuestra folclórica política?</p>
<p>La respuesta la encontrará a lo largo de 336 páginas que condensan algunos de los pasajes más pintorescos, delicados, polémicos o risibles de la realidad nacional de los últimos años, matizada con breves abordajes de hechos internacionales, y hasta revelaciones personales.</p>
<p>“Mi intención no es que estén de acuerdo conmigo, sino provocar una reacción en el lector: felicidad, enojo, tristeza, indignación, reflexión. El efecto queda a criterio de cada persona, por eso es lectura bajo su propio riesgo y responsabilidad. Yo, con saberme leído, me doy por satisfecho”, comenta Carballo.</p>
<p>Este libro marca el debut en el mundo literario de un apasionado de las letras, la imitación y la música. Desde el 2009 administra el blog, analistahoy.com, donde frecuentemente sube artículos de actualidad de diversa temática.</p>
<p>“Desde que inicié con mi blog, siempre quise dar el salto del ciberespacio a la letra impresa. Este libro es un sueño hecho una feliz realidad de tinta y papel”, agrega el joven escritor.</p>
<p>Bajo su propio riesgo ya está a la venta, a un precio de 12 600 colones o 23 dólares. Puede adquirirlo llamando al 8861-1451 o escribiendo un correo a <a href="mailto:jrcarba@hotmail.com">jrcarba@hotmail.com</a>. También puede buscar al autor en Facebook como Redactor Freelance Costa Rica.</p>
<p>¿Se atreve a correr el riesgo?</p><p>The post <a href="https://analistahoy.com/2017/01/lectura-bajo-su-propio-riesgo/">Lectura bajo su propio riesgo</a> first appeared on <a href="https://analistahoy.com">Analista Hoy</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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