No sé si será saprissista o, tan siquiera, aficionado al fútbol, pero lo que sí puedo asegurar es que, guardando las distancias, al parecer hay varios paralelismos entre el camino transitado por Rodrigo Chaves para llegar a la Presidencia y el del conjunto morado para intentar clasificar a semifinales.

A ambos les tocó venir desde abajo y, poco a poco, contra todos los pronósticos, a base de arduo trabajo, empeño y compromiso, fueron anotándose sendas victorias que les permitió sumar los puntos necesarios para salir del frío y oscuro sótano –de la tabla y las encuestas, respectivamente.

En su afán por impedirlo, sus raudos rivales, no dudaron en atravesarles toda suerte de obstáculos para que tropezaran y se replegaran, pero, al final, como en el cuento de la rana que cayó el pozo, entre más críticas recibían, más impulso y coraje agarraban, a pesar de que a muchos les incomodaba verlos arriba (sin duda, una lección de resiliencia que vale la pena replicar, independientemente del área en la que usted se desempeñe).

Bien lo advirtió, el técnico Jeaustin Campos, al afirmar que, a su equipo, si se le ve agonizante, hay que matarlo, pues, de lo contrario, revive de las cenizas como el ave Fénix… y ahí sí ya no hay quien lo baje de la nube, por más dardos que le lancen al aguerrido corazón morado. “Entre más golpeen a Saprissa, más fuerte se hace”, sentenció recientemente.

Que lo diga la Liga, Pérez Zeledón, Guadalupe y Jicaral, que, teniendo el arma lista cargada y empuñada, no pudieron presionar el gatillo y ahora sufren las consecuencias de aquel trillado pero muy cierto lema setentero, hoy más vigente que nunca: “No se repartan nada, mientras el Monstruo esté vivo”.

No sería la primera vez que Saprissa demuestra que, parafraseando al gran Yogui Berra, los partidos –y los torneos- no se acaban hasta que se acaban. Si no, remontémonos a los dos últimos campeonatos que se ganaron, tras haber clasificado, paupérrimamente, en cuarto lugar. ¿Se hará de nuevo la hombrada? Sin importar el resultado, el autoanálisis y los cambios son ineludibles.

Pasando a Chaves, el hombre, quizá sin proponérselo, aplicó la misma receta morada y aprovechó que sus contendores, por más que lo quisieron matar, siempre lo dejaron vivo y ni siquiera Figueres, en segunda ronda, pudo recetarle el tiro de gracia y, más bien, terminó disparándose al pie a punta de viajes clandestinos, videos censurables y ataques al cuerpo.

Entonces, nada tonto y como quien no quiere la cosa, se adueñó de la bola y, al mejor estilo de Maradona en aquella memorable jugada contra Inglaterra, en el Mundial de México 86, avanzó y avanzó, dejando en el camino a rivales, cuestionamientos, escándalos y hasta videos comprometedores, para anotar el gol de la victoria. Toda una hazaña, considerando que, hace poco más de dos años, a Rodrigo Chaves Robles acá solo lo conocían su mamá y hermanas.

No podemos decir que lo logró calladito y sin mucho aspaviento porque, para nadie es un secreto que, tanto tirios como troyanos, tiraron tieso y parejo –lo que menos hubo fue campaña de altura-, pero lo que sí no podemos negar es que ganó sin apelaciones… y eso lo hace digno de respeto y apoyo.

¿Logrará Chaves el siguiente objetivo en lista? (hacer un buen gobierno). ¿Lo hará Saprissa? (avanzar a semifinales y ser campeón) Eso está por verse. Le tengo más fe a uno que al otro, pero no diré a cuál. Lo cierto es que, a falta de dos fechas, lo de Saprissa se dilucidará pronto; mientras que para lo de Chaves, a falta de cuatro años, tenemos un poco más de tiempo para averiguarlo.

De momento, el panorama para uno pinta a cierre electrizante de photofinish en zona de clasificación.Y para el otro, ya como Jefe de Estado proclamado y juramentado, la cuesta parece no menos empinada (minoría legislativa, finanzas frágiles, grupos sociales desconfiados y expectantes…)

Ambos lanzan señales positivas para lo que viene. Cuentan con equipos capacitados que, si bien no son perfectos – ¿acaso hay alguno que lo sea? – y claramente mejorables, reúnen a valiosas personas, salvo contadas excepciones, con los atributos técnicos, profesionales y morales para sacar adelante la titánica labor encomendada… o, al menos, eso quiero creer.

Sin embargo, a diferencia de Saprissa que tiene líderes y veteranos de peso en el camerino, en el gabinete de Chaves abunda gente inédita –ni siquiera él los conoce-, políticamente neófita y sin una raigambre ideológica que facilite la dinámica y fluidez en el terreno de juego.

No digo que esto sea del todo malo. A la larga, quién sabe si eso es precisamente lo que necesitamos para inyectar rostros nuevos e ideas claras y frescas, que, lejos de pretender una enconada defensa del marco propio (entiéndase mezquinos intereses políticos o sectoriales), enfoquen la mirada en el estadio completo, sobre todo en quienes ocupan las graderías. ¿Utópico? Démosles el beneficio de la duda.  

Para el nuevo inquilino de Casa Presidencial, según él mismo lo admitió, la clave está en reconocer que “todos jugamos para un solo equipo y cada quien debe maximizar el impacto de su institución para alcanzar objetivos comunes; no habrá agendas o ambiciones individuales.” Mientras que, para su homólogo morado, se centra en buscar con honestidad y profesionalismo la clasificación, esperando poder llegar a sonreír a lo último.

Ambos estrategas destacan el valor de la disciplina para lograr los propósitos. Saprissa, en palabras de Campos, necesita de coraje, actitud y valentía. Chaves y compañía requerirán de eso y mucho más para cumplirle a la afición -el pueblo- las promesas realizadas: más y mejores empleos, bajar costo de la vida, arrancar la corrupción y optimizar los servicios públicos.

¡Ojalá lo logre, señor Presidente! Mis mejores deseos de éxito y buena suerte para usted y su equipo. Paralelismos aparte, sabemos que, si a usted le va bien, sea en traje entero o en buzo de director técnico, al país le va bien, incluyendo a la política y el fútbol –deporte, en general-, dos de los temas preferidos de los ticos y que, como vemos, tienen mucho más en común de lo que pensamos.

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